Nietzsche. Aproximación al amor

marzo 21, 2008 § 1 comentario

El amor…se ha escrito sobre él más que de cualquier otro sentimiento, y casi siempre desde el punto de vista de lo románticamente ridículo y decadente. Hay poemas, novelas, películas, canciones, obras de teatro, danzas, refranes, ritos,… Toda una colección de adornos para algo que ha sido muy pocas veces pensado como tal, en sí mismo, calibrando su capacidad y potenciales.

Nietzsche…un filósofo heterodoxo que se enfrentó a todo lo anterior, que renegaba de la herencia platónica, que deconstruyó el Cristianismo desde su misma base, que recogió el pensamiento más inverosímil y antiguo que había sobre la tierra; un filósofo, en fin, que quiso dudar de todo -y lo hizo de verdad- para rehacer con una dialéctica aplastante el sentido del Ser. Trata el amor como fuerza del hombre y no como mero estado físico o psicológico. A pesar de llevar más de un siglo a la sombra de un ciprés mantiene plena vigencia en esta era decadente y apadrina a los jóvenes filósofos que, como él, no comulgan con la idiotez.

«Lo que se hace por amor siempre acontece más allá del bien y del mal», sentencia en 1886. Pero, ¿qué deja ver con esta afirmación?

En primer lugar, hay aclarar qué debemos entender por amor cuando leemos a Nietzsche. «”Amor” es el sentimiento de la propiedad o de aquello que nosotros queremos convenir en propiedad nuestra». Es una voluntad de poder, frente al sentimiento de carencia que puedan darle algunos. No es un movimiento hacia lo que falta, hacia lo que no somos o hacia lo que se nos ha cercenado, sino un deseo de poseer completamente y, además, en exclusividad. Está basado en un hecho positivo -voluntad, tenencia-, no negativo -nostalgia, lamento, deseo de lo imposible-.

Vemos, por tanto, la clara distinción entre el amor como voluntad y el amor como pasión, siendo este último una patología psicológica. Lejos del estoicismo, él mantiene que el hombre es antes voluntad de ser que instinto de supervivencia, que es antes un ser pensante que pasional.

Amar es dominar, o el deseo de dominar si aun no se ha hecho. Deja atrás también el concepto platónico de la falta de algo y consiguiente aspiración a ello -o la mera contemplación- para hablar de amor como fuerza creadora y potencia humana independiente, porque dominar conlleva transformar algo en otra cosa. En este caso, adaptándolo a uno mismo, a lo que uno desea. La voluntad de poder solo puede venir acompañada de manejabilidad y amoldamiento a quien posee, y así el amor es poseer a la otra persona de forma que su aportación a la relación sea exactamente lo que el otro necesita.

Como toda acción de poseer, amar causa hastío. Cansa, en la medida en que ya se posee lo que antes se deseaba poseer. La voluntad de poder ha sido sustituida por un poseer…

«Poco a poco nos sentimos hartos de lo viejo, de lo que poseemos con seguridad, y tendemos las manos nuevamente. Aún el más bello paisaje no puede mantener ya con garantía nuestro amor por él, después de haber vivido allí tres meses, y nuestro deseo se ve atraído por alguna costa lejana» (La gaya ciencia).

Esto, para nuestro autor, es positivo, porque engendra, además del hastío, una nueva voluntad de poder, un querer poseer nuevo que nos fortalece.

En cuanto a la idea de la intemporalidad del amor, incluso de su eternidad, hay que hacer algunas puntualizaciones.

Para Nietzsche, el amor es resultado de azar. Comienza y termina porque sí, sin determinismos ni destinos. Lo que lo mantiene vivo, amén de ese querer dominar y amoldar, son el desconocimiento mutuo y el infantil juego de mantenerlo alejado de la vida cotidiana. Es decir, la innovación es el alimento del amor. Es un recomenzar diario por el que nunca se puede caer en el cansancio. La rutina mata al amor.

Aún así, hay dos excepciones. La primera es la del «suprahombre», al que hay que amar y anhelar por cuestiones que no vienen aquí al caso. Y la segunda es la de la amistad. «Si tú tienes, sin embargo, un amigo que sufre, sé para su sufrimiento un lugar de descanso, mas, por así decirlo, un lecho duro, un lecho de campaña: así es como más útil le serás», dice en Así habló Zaratustra, libro en el que también nos aconseja: «el hombre del conocimiento no solo tiene que saber amar a sus enemigos, tiene también que saber odiar a sus amigos». Algo ciertamente inquietante, pero que no deja dudas: amar a los amigos está bien, pero esto no debe perdernos, porque toda persona es susceptible de decepcionar («lo que me entristece no es que me hayas mentido, sino que ya nunca más podré confiar en ti»). Amar al amigo no quita ser crítico con él, así como odiar al enemigo no quita saber reconocer sus virtudes. Ni bien ni mal absolutos, cada persona es en sí misma (o debería ser) un nuevo orden de valores y siempre se puede (o siempre se debería poder) aprender de ella.

Como se ve, se ama lo cercano, lo que efectivamente va a permitir ser dominado. Sin embargo, el «amor al prójimo», al desconocido, la filantropía, es una demostración de decadencia: «vuestro amor al prójimo es vuestro mal amor a vosotros mismos». He aquí un párrafo de Ecce Homo:

«Mis experiencias me dan derecho a desconfiar en general de los llamados impulsos “desinteresados”, de todo el “amor al prójimo”, siempre dispuesto a dar consejos y a intervenir. Los considero en sí como debilidad, como caso particular de incapacidad para resistir a los estímulos, -sólo entre los decadentes se califica de virtud a la compasión».

Para él, por tanto, el más dañoso de los vicios, como aventuró ya en El Anticristo, es la compasión para con los débiles, es decir, el Cristianismo. Ante todo, porque imposibilita la evolución natural, la selección. Los compasivos se confunden con la plebe; sus hábitos provocan malos modales, hacen perder el pudor,…

Todo esto imposibilita la voluntad de poder, y no es amor. Este, en cambio, existe en tanto que existe el amor a uno mismo. «Ámate a ti mismo y así te amarán los demás», porque el amor como voluntad de poder provoca sed de suprahombre y eso es elevar el espíritu («vosotros miráis hacia arriba cuando buscáis elevación, yo miro hacia abajo, porque estoy elevado»).

Para terminar, vemos el matiz que el amor experimenta según quién lo sienta. La mujer lo transforma en su creencia, por lo que la fidelidad queda incluida en ella. Quiere ser poseída y, por tanto, «alguien que tome, que no se entregue a sí mismo ni se abandone». El hombre, en cambio, está hecho para tener y es lo opuesto a la mujer. «El hombre que ama como mujer se convierte en esclavo», porque no está hecho para la exclusiva dedicación. Bien puede darse la situación contraria, que cada uno asuma al rol contrario, pero «si ambos renunciaran a sí mismos por amor, entonces surgiría de allí – pues bien, yo no sé qué cosa, ¿tal vez un espacio vacío?».

P. S.: me encuentro en una antigua revista (Voluntad, nº1, de 1930) un fragmento que bien encaja con lo aquí dicho:

«De tal suerte coincidieron aquí las más altas especulaciones filosóficas y el práctico sentido de la raza, que, en términos castizos y vulgares, son sinónimos la voluntad y el afecto, el querer y el amar. Para el pueblo español, teólogo hasta la médula de sus huesos, voluntad quiere decir juntamente inclinación y movimiento, potencia y acto, deseo y obra, apetito y gozo, albedrío y complacencia, operación y virtud, asimilando por instinto, cuando no por reflexión, el querer y el hacer, la actividad y el sentimiento, conforme al refrán castellano: obras son amores, y no buenas razones, y de acuerdo también con la más sana filosofía, que pone el amor en los dominios de la voluntad.»

Con qué razón escribía Ángel Ganivet «sobre la sabiduría y la madurez del pueblo que, aun ignorante, es más sabio que el docto». Y es que en las mismas palabras, a través de su origen etimológico y del significado que han adquirido a lo largo de los siglos, queda recogido todo el saber filosófico de quien las forma. Es decir, del pueblo llano.

Va por ellos.

Anuncios

Etiquetado:, , , , , , , , , , , , ,

§ Una respuesta a Nietzsche. Aproximación al amor

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Nietzsche. Aproximación al amor en Algaida.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: