Hieródula de la modernidad (II de n)

diciembre 19, 2009 § Deja un comentario

II. La inmoralista

Y no obstante, sus motivaciones la distanciaban del resto. En una industria estigmatizada por sí misma, ella entraba con resuelta disposición. «Tengo un enorme apetito sexual y de autoexploración», decía. En cambio, «la industria» agoniza. Su primer problema es que la moral se ha instalado en ella -precisamente su antítesis-, construyendo allí su más inexpugnable fortaleza. Así, nos encontramos con prostitutas que ejercen sin placer, con desgana, avergonzadas, logrando instalar en el cliente un sentimiento de culpa que a la postre sólo permite que se acerquen a ella a los residuos de la marginalidad. Con el cine «adulto» ha sucedido algo similar. Se le ha expulsado del paraíso y, como sólo lo marginal -que tan poca atención le presta a la vox populi– se acerca a él, no produce más que bazofia fetichista y enfermiza de mala calidad.

El erocidio no comienza por la castración del hombre moderno, sino por el mismo producto pornográfico. Ya no hay erotismo. Carne por carne, carnaza. Por eso, que una actriz venga a «empujar mis propias fronteras y ver qué parte de mi psique puede llevarme a mi próxima experiencia sexual eufórica», abre las nubes y deja entrar un poco de luz. Renueva el aire. Por supuesto que en la escena no hay apenas diferencia entre una Sasha Grey y una Melody Star cualquiera, auténtico prototipo de actriz idiota. Ésta, española, perdió la virginidad a los trece años con un desconocido (?) y confiesa que bebería semen «a litros» y que detesta «la palabra “por favor”». Desearía, además, en un alarde de memez antológica, que cuando llegue al Cielo, Dios le diga «ven aquí que te voy a chupar el coño». No me resisto a transcribir una última perla: «empecé a masturbarme antes de ser virgen, claro, a los nueve o diez años». A ver si alguien pensaba que la virginidad viene de serie.

Sasha es, sin duda, lo contrario del estereotipo Traci Lords, que ahora lamenta su «error» desde todo púlpito que encuentra. Se arrepiente, después de tantas escenas sicalípticas, de haber desperdiciado su vida en tan sucio mercado. Lo hace, claro, cuando se le ha cortado el grifo. Moralina retroactiva.

Hablaba Nietzsche en Crepúsculo de los ídolos de que sólo disparando contra los príncipes vuelven ellos a sentarse tranquilos y con peso en el trono. «Moraleja: hay que disparar contra la moral». Los inmoralistas, al final, no quieren más que colaborar en la construcción de una moral más fuerte y ética. Mártires, sí, e incomprendidos, también, pero eso no son más que dificultades transitorias.

Sasha fue invitada al programa de la ex top model Tyra Banks para enfrentarse a Tiana, una actriz retirada de la pornografía. Pretendían arrinconarla y hacerle confesar sus pecados. Sin embargo, la princesa de Sacramento se hizo fuerte y se reafirmó en sus convicciones. A ella le gusta lo que hace. No obstante, no soy partidario de la lectura triunfalista que han hecho casi todos sus seguidores y todos los aficionados de la pornografía. Lo que en aquel plató se vivió fue la confrontación de dos realidades muy distintas que no pueden equipararse y, por lo tanto, no hay resultado que valga. Tiana tuvo una experiencia traumática y su paso por «la industria» no fue fruto de una decisión existencial. La mayoría de las actrices entran ahí por necesidad y eso es un drama. Es precisamente la moral dentro de la inmoralidad. La negación de la moral como afirmación de ella. Por eso Sasha tiene un valor considerable: constituye un residuo de resistencia placentera frente al sufrimiento generalizado. El triunfo de la voluntad frente a las miserias de la obligación.

Ella estuvo durante siete meses, antes de ir a Los Ángeles, viendo porno e investigando, leyendo a los protagonistas, a los directores, las entrevistas, los comentarios,… Si entró en él fue por su completa y libre voluntad.

El objeto de su lucha es «decirle a las chicas jóvenes que el sexo está bien», que no hay por qué avergonzarse de ello. «Está bien ser una puta», llega a afirmar. Lo que de todo ello se extrae es una clara apuesta por la equiparación de la sexualidad femenina con la masculina: «La gente cree que las jóvenes no pueden entender el sexo, que nuestras acciones tendrán consecuencias, pero podemos ser tan analíticas como cualquiera».

Pero es habitual la incomprensión de su mensaje. Lo cierto es que «mucha gente confunde este pensamiento y cree que deseo a todas las mujeres haciendo porno y follando como conejas, sin hacer caso de los peligros para la salud. Esto no es lo que predico ni en lo que creo». Ni siquiera cede a la batalla «bien-mal»; se dirige directamente a la cuestión de la salubridad.

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