Hieródula de la modernidad (III de n)

diciembre 22, 2009 § Deja un comentario

III. Una vida al servicio del arte

No pretendo, por el momento, adornar a Sasha Grey afirmando que constituye el retorno de la onna geisha, porque no representa (¡ni debe hacerlo!) eso en absoluto. Pero sí presentarla como isla de normalidad en un océano de perversión.
Su primera interpretación la hizo con diecisiete años, como parte de su formación. Era una película «sobre una fugitiva de diecisiete años, violada por su padre y su hermano, que se va a California y se une al circo». Poco después contacto por Internet con su primer agente, Mark Spiegler, y preparó todo para ir a LA.

Yo creo que una de las mayores demostraciones de coherencia con el pensamiento que asegura vivir Sasha es la de las excursiones a ámbitos del arte alejados de la pornografía. Steven Soderbergh, Oscar al mejor director por Traffic en el 2000 (año en que también fue nominado por Erin Brockovich), se quedó prendado de ella y en el 2008 grabó The Girlfriend Experience, un proyecto que llevaba tiempo en su cabeza pero que nunca se decidió a sacar adelante por falta de una actriz con fuerza. Y la encontró. Sasha saltaba al cine convencional. Quizá el aldabonazo al «primer mundo» lo pegó con el reportaje que con motivo del estreno le hizo Elle en mayo de 2009, realmente en otro tono que aquel otro de Rolling Stone apenas un mes antes bajo el título de La chica más sucia del mundo. Su reputación se fue normalizando, quitando de sí las máculas que la ortodoxia mojigata le otorgaba.

Por la misma época, en julio de 2009, se presentó Smash Cut en el Fantasia Festival de Montreal, una película slasher (estilo Psycho de Hitchcock o La matanza de Texas… Un subgénero que tuvo su edad dorada en los ochenta) que quiso homenajear a Herschell Gordon Lewis, director de Blood Feast (1963) y maestro del gore, que fue uno de los primeros en llenar la pantalla de sangre y mutilaciones. Sasha, la enfermera protagonista, había logrado su segundo papel en el cine convencional, rodeada además de leyendas vivas del género como David Hess, Michael Berryman, Jesse Buck y Ray Sager.

De actriz ha trabajado también con dos grupos en sus videoclips. Con The Root grabó Birthday girl, un sugerente corto en el que la capacidad gestual (trabajada en clase desde los doce años) queda bien demostrada; y con Smashing Pumpkins aparece en alguna escena de Superchrist, una de las canciones que pudieron sacar en pleno reagrupamiento del grupo en 2008. Éste, por cierto, está grabado a propósito con mala calidad. Son alternativos… Y Sasha es su musa, así que también participó en el álbum fotográfico Zeitgeist.

Lo interesante es que estos papeles los hace sin perder un ápice su sensualidad, la clara voluptuosidad de la que hace gala en cada trabajo. Ni como prostituta de lujo, ni como enfermera, ni como chica cumpleañera, ni como ser angelical; en todas sus actuaciones hace su papel de forma impecable con un toque personalísimo. Tiene impronta y eso lo agradecen los directores, que piensan repetir. No se convierte en la porno-idiota de sensualidad graciosa e inocente de sus compañeras tránsfugas.

Tal vez eso le haya servido para trabajar con James Gunn (Scooby-Doo, Tromeo and Juliet) en el PG Porn, un proyecto «para aquello a quienes les gusta todo del porno, excepto el sexo». Una apuesta brillante de un director «distinto», que sabe combinar crítica, humor, voluptuosidad y calidad. Fue él quien quiso protagonizar el corto de Grey.

Pero no sólo estuvo en los videos. Tras la separación de sus padres, comenzó a escribir letras, de rap la mayoría. Tres años después, ya con trece, tocaba la guitarra. Fue por entonces cuando se aficionó a KMFDM. No dejó de escribir y en 2007 se unió a Pablo St. Francis para crear una banda de black metal experimental. Sasha pone la voz y una guitarra de ATelecine. De momento, tenemos un EP en vinilo (AVigillant Carpark), una colaboración con Lee Perry en «Pum-pum» y otra con Current 93 en Aleph at Hallucinatory Mountain.

Con ello se demuestra que el estancamiento y la putrefacción en la que caen no pocas actrices del género no se debe exclusivamente a su estigmatización, sino a la insuperable idiotez de sus protagonistas. Con algo de empeño, iniciativa y seriedad, pero sobre todo con convicciones que muevan a la acción, se logra construir todo un espectro de obras al servicio de uno mismo.

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