Oscar Wilde

mayo 23, 2010 § Deja un comentario

«Una actitud moral elevada es realmente muy poco ventajosa para la salud y la felicidad».

Oscar Wilde
La importancia de llamarse Ernesto

Estaba dándole vueltas a la forma que le daría al artículo y me ha surgido la imagen: Wilde insultando a las masas con proclamas socialistas. Porque no hizo otra cosa a lo largo de sus escritos. Y sin embargo, fue un dandi educadísimo, con gran sentido de la ética estética y militante de la amoralidad.

De su estética, más que aquellas plumas de pavo real con que decoraba su habitación en la universidad, queda la denuncia al padre de su amigo por calumnias: «alardea de sodomita». La justicia no quiso darle la razón, le condenó a dos años de trabajos forzosos.

Y allí murió Oscar Wilde. Al menos su espíritu.

Quedó algo de él para componer De profundis (1897). Poco más.

1

La cruzada estética que emprendió Wilde es visible en sus obras con más fuerza cuanto más tardías son, hasta el final, cuando la ironía azota con látigo implacable cada institución de la sociedad. Aunque la propuesta estrictamente política más convincente llegó con El alma del hombre bajo el socialismo (reciente: 1891).

Su socialismo se asienta en dos pilares inamovibles, irrenunciables: anarquía e individualismo. Con ello podría decirse que la idea fundamental, al fin y al cabo, en la filosofía de Oscar Wilde es la búsqueda de la independencia absoluta del individuo. Y es que él busca la independencia del poder («ningún socialismo autoritario podrá servirnos»), de la familia (que hay que reestructurar), del público (al que debe ignorarse), de los periodistas (ante quienes hay que defender la intimidad), de los jefes (para ello se socializa la empresa), de las máquinas (a las que hay que esclavizar).

Independencia de toda la cadena del sistema, que impide disfrutar de la vida con toda su intensidad. Y uno de los inconvenientes, que se suma a los alienantes indicados, es la propiedad a gran escala, que «constituye una verdadera molestia». Es ahí donde con más resolución adopta el cristianismo, recordando que Jesús se puso del lado de los pobres porque los ricos (al contrario de lo que decía Aristóteles) no podían cultivar la virtud por estar dedicados a acumular.

Así, Wilde propone algunas soluciones ante los alienantes, las formas de una vida alternativa. El caso más evidente es el del crimen, que aunque de forma imperfecta logra colocarnos fuera de la sociedad y reencontrar al hombre consigo mismo. Pero no es lo óptimo. El socialismo, al abolir la propiedad y los celos, logrará también y con ello eliminar el crimen.

Otra forma es el arte sano, opuesto al insano porque es exótico y no popular. «Desde el instante en que un artista tiene en cuenta los deseos del público y trata de ajustarse a ellos, inmediatamente deja de ser un artista, para convertirse en un simple artesano». Y en un mercader, añade.

En definitiva, el crimen y el arte son manifestaciones de la forma que le da Wilde a esa independencia: la personalidad. Concepto capital en sus tesis, consiste en ser uno mismo, en vivir con fuerza, en hacerla «tan prodigiosa como la de un niño».

Para ello, no tiene por qué trabajar, para eso están los esclavos (¡las máquinas!). El individuo está hecho para disfrutar cultamente de sus ocios.

2

El mejor Wilde, sin embargo, no está en el ensayo, sino en la construcción de sus personajes. Quedan para la gloria El retrato de Dorian Gray (1890) y, aunque detesto leer teatro, La importancia de llamarse Ernesto (1895). Me parece obras excepcionales, de sutil y elegante ironía, de escueta corrección y creíble ambiente. Escudándose es la clandestinidad que proporciona la autoría literaria, presenta un cuadro ético amoral que, si se consigue distinguir tras los giros esperpénticos, sorprende con irreverencia modernista.

«Una actitud moral elevada es realmente muy poco ventajosa para la salud y la felicidad», nos regala como lema vocacional de una generación de dandis hedonistas. El estilo, siempre el estilo. Repetimos el latinajo: nulla ethica sine aesthetica. Pero es que «en cuestiones de gran importancia, lo esencial es el estilo y no la sinceridad», dice en La importancia… Esencial, dice, no excluyente. La imagen, la representación, es una trampa sagrada (Jorodowsky, sí) que informa los valores motor -las ideas fuerza- con sugestión y a través del subconsciente.

Los mitos, desde luego, tiene esa función.

Y Wilde no es ajeno. La invención de personajes para nuestra vida diaria es un escape, una línea de fuga como el alcohol o el deporte. Con esta comedia logra filosofar con la carcajada y darle cimientos al dualismo Yo/noYo, tan bien recreado y definido con un verbo: bunburyzar. Sólo con esta pieza podrá comprenderse a Wilde. Es, por otra parte, la llave al mundo de Enrique Bunbury.

Hay una línea que atraviesa toda su obra, es la flecha hiriente del empeño del yo. El nosotros queda atrás, olvidado y desdeñado, cedido a las masas amorfas emasculadas. Wilde tiene un Cuerpo y un Espíritu con el que Vivir. Puede decirse que tal fue su leit motiv.

Anuncios

Etiquetado:, , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Oscar Wilde en Algaida.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: