La iluminación terrorista

febrero 10, 2012 § 3 comentarios

Antes que todas las cosas, en un comienzo, fue el infinito Caos.
Hesíodo, Teogonía

[Artículo destinado, en octubre de 2011, al primer número de una prometedora revista que, lamentablemente y por causas que -si soy sincero- desconozco, no se decide a salir a la calle.]

1
Lo importante cuando se va a hablar de cualquier cosa es que las partes estén -o se pongan- de acuerdo en el significado de los términos que van a usarse. No puede ser que yo empiece a hablar de terrorismo y unos piensen que hablo de grupos como ETA (Francisco José Alcaraz), otros del feminismo (Henry Makow) y aún otros de la OTAN (Vicenzo Vinciguerra). (Añado esto en enero de 2012: para algunos, como Chomsky, la OTAN era mala hasta que invadió Libia. Entonces, el magno progre decidió que los del Tratado Atlántico eran poco menos que un ejército de salvación.)
O puede que esté hablando de las tres cosas.
Para que el asunto quede más o menos pacífico, sin incursiones en terrenos pantanosos y no soliviantar el ánimo de los lectores menos avezados en la costumbre de aplicar la máxima de santa Teresa, la del «nunca pasa nada», me remitiré a las palabras de uno de los pilares de la sociedad moderna, el humanista Juan Pablo II: terrorismo es «el propósito de matar y destruir indistintamente hombres y bienes, y crear precisamente un clima de terror y de inseguridad, a menudo incluso con la captura de rehenes. Aun cuando se aduce como motivación de esta acción inhumana cualquier ideología o la creación de una sociedad mejor, los actos del terrorismo nunca son justificables». No creo que en su tono haya valoración moral, aunque esta venga inmediatamente después.
Más breve es la ONU, el otro gran referente moral, cuando dice aquello de que terrorismo es «cualquier acto criminal dirigido contra un estado y encaminado a o calculado para crear un estado de terror en las mentes de personas particulares, de un grupo de personas o del público en general». Como se advierte, introduce el elemento de lucha contra el statu quo, sin duda como reserva de los Estados -que son quienes forman la ONU- a la hora de decidir quiénes son terroristas y quiénes no, según convenga a los intereses interestatales.

En cualquier caso, lo que yo utilizaré como definición de terrorismo se basa en alguien mucho más ecuánime e independiente, el poeta Roger Wolfe. «Al terrorismo / se le llama / convivencia / si lo ejerce / un payaso / uniformado / con apoyo / de la grey». Es decir, terrorista es quien molesta de manera inesperada, como pirata era quien tenía sólo un barco frente a las flotas alejandrinas. Porque incordiar es cosa de todos. Pero unos van de uniforme y otros no.
De hecho, hay que aclarar un asunto. Hay grupos terroristas uniformados, como las FARC, que han de considerarse como guerrillas. Para que en Derecho Internacional se considere que un grupo insurgente tiene carácter de Movimiento Nacional de Liberación (lo cual no es, a pesar de todo, el único tipo de terrorismo que puede existir), se deben portar las armas al descubierto en todo momento y controlar de facto un territorio.
¿Qué hay de las insurgencias que no responden a esos parámetros anticuados del Estado-nación? Nada se dice, o casi nada: o están locos o no son importantes. Los nihilistas, al cabo, no son más que tipos extraños que a todos escandalizan. Hablaré más adelante de ello.

En definitiva, creo que hay que asumir la definición de Max Weber, en el sentido de la «Gewaltmonopol des Staates», o monopolio de la violencia. Los terroristas son aquellos que la utilizan, sin ser Estados u organizaciones estatales. Sin alguna coordenada previa, sería imposible saber si hablamos de terrorismo, de guerra, de altercado o de tensión. Aunque probablemente sea injusta y el término terrorista (en cuanto que derivada de Terror jacobino) ya atribuya cierta calificación, hay que servirse de las palabras como de harapos que nos sirvan para lidiar con lo realmente importante, los hechos.
Podríamos hacer un largo recorrido ideológico para llegar hasta aquí, citando el Diccionario de la Academia Francesa (1798) y las réplicas de Walter (1937), la Sociedad de Naciones (1939), Hardman (1948) o Schwind (1978), hasta volver a la idea de los franceses deciochescos, readmitiendo la tesis del système, régime de la terreur, que es la excusa para invadir cualquier país de la periferia capitalista. Pero eso no es más que marketing político.
Así pues, terrorista quien no esté en la ONU. O mejor, por no agriar la tarde, quien no sea susceptible de ser reconocido por la ONU, según los requisitos que antes he recordado. Obviamos por lo tanto a los saharauis, a los palestinos y a los chipriotas del norte; es decir, a toda guerrilla, en el sentido que tuvo guerrilla en 1809 cuando empezó a utilizarse en España: pueblo en armas. Como el requeté. El terrorismo es cosa de individuos o élites revolucionarias.

2
Tras la pérdida de tiempo de sentar conceptualmente el terrorismo -no se me escapa que a la mayoría de los lectores les importa bien poco lo que digan el Papa y la ONU-, me interesa hablar de algo en lo que no se entra cuando se hace un juicio moral sobre el terrorismo. Y no quiero hacer juicio moral, sino ético. La identificación del terrorismo como mal sólo se construye desde la perspectiva social, es decir, como atentado contra el grupo. Pero, ¡ay socialistas!, no es ninguna pirueta ideológica justificar el terrorismo como instrumento para la mejora del grupo, en un sentido darwiniano. Artificial, pero justificable, insisto.
La explicación es sencilla. El terrorismo no tiene sentido sin el socialismo («de todos los partidos», diría Hayek), ya sea éste político (hasta que todos tengamos un mingitorio de oro) o territorial (es decir, hasta que recuperemos la gestión de la tierra, para quien la trabaja -clasista- o para nuestro pueblo -nacionalista-). Trotsky resuelve nuestras dudas sobre el particular cuando afirma que ellos se oponen «a los atentados terroristas porque la venganza individual no nos satisface».
No puede sorprender que Lenin se opusiera al terrorismo individual (¡quizá porque su hermano lo fue y él sufrió las consecuencias!) por infértil y porque fomentaba la reacción; y que Marx presentara la salvación de la clase obrera como tarea «de la propia clase obrera», y no de un grupúsculo salvador. En palabras de Trotsky, «para nosotros el terror individual es inadmisible precisamente porque empequeñece el papel de las masas en su propia conciencia, las hace aceptar su impotencia y vuelve sus ojos y esperanzas hacia el gran vengador y libertador que algún día vendrá a cumplir su misión».
Que después la mayoría de los grupos terroristas hayan sido de inspiración marxista-leninista no es más que la ironía histórica de coger una frase del fundador ideológico y darle la vuelta. «Nosotros somos la clase trabajadora», dicen. La retórica leninista pedía un «ascenso revolucionario de todo el pueblo», que aunque no se entiende muy bien, debe significar algo así como insurrección popular, de masas. Asalto al Palacio de Invierno, en vez de atentar contra el zar.
Esto nos permitiría calificar la burocracia leninista (y la estalinista, más aún) como terrorista según el sentido de los académicos franceses y de todos los progresistas actuales (Bensaïd…; la mayoría, de hecho, también franceses), pero no en el que nosotros estamos utilizando.

3
Como se ha visto, los principales teóricos y hacedores post-marxistas renunciaban al terrorismo individual (aunque no al colectivo). ¿Qué hace, entonces, que un grupo marxista tome derroteros de pistola en mano y coche bomba? Os lo diré: porque son cristianos. Cuando el pueblo pierde el referente ético y social de la Iglesia, cuando se vacían los templos y los sacerdotes ahorcan sus sotanas, cuando se descatoliza y se calviniza, ¡cuando termina el Concilio Vaticano II (1959-1965)!; cuando el comunismo suelta amarras y se moderniza lo justo para seguir en la brecha, con Roger Garaudy como teólogo y Del anatema al diálogo (1965) y Marxismo del siglo XX (1966) como libros sagrados; entonces, sólo entonces, independientemente de la marcha de la URSS,  llegan los altercados de Berkeley, el 68 parisino y el nacimiento de casi todos los grupos terroristas conocidos. Dignos herederos de los zelotes y los nizaríes.

¿Acaso tengo que remitirme al más dramático nihilista de todos los tiempos, referencia ineludible y patriarcal de todos los terroristas, Necháiev, en cuyo Catecismo del revolucionario encontramos más moral cristiana depurada y concentrada que en todas las encíclicas y decretales juntas?

Euskadi Ta Askatasuna (ETA, que atenta por primera vez en 1961 y se define marxista-leninista en 1963), Talbenn Diebiñ Breizh (Frente de Liberación de Bretaña, 1966) , Frente Popular para la Liberación de Palestina (m-l, 1967), Frente Democrático por la Liberación de Palestina (maoísta, FDLP, 1969), Brigate Rosse (1969), Rote Armee Fraktion (RAF, 1970), Epanastatiki Organosi dekaefta Noemvri (Organización Revolucionaria 17 de Noviembre, 17N, 1973), Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP, 1973) Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO, 1975), Action Directe (anarquista, pero con elementos leninistas, 1977), Terra Lliure (1978),… Es probable que olvide alguna organización terrorista marxista  -al margen del eurocentrismo-, pero las mencionadas son de la suficiente importancia y las fechas tan significativas, que es evidente la relación causal. Digamos, por aceptar cierta generalización, que la inspiración general es colectivista.
Incluso admitiendo al IRA entre los grupos terroristas -cosa que hago más por exigencias del texto que por convencimiento-, que nunca ha sido marxista, sino católico y patriota, vemos una escisión en 1969 del llamado, desde entonces, IRA-Oficial, que cambió la reivindicación territorial por la socialista.
Todos buscan, invariablemente, un nuevo dios. Estado, nación, clase. Con su nueva iglesia y su nueva inquisición.

Por abundar un poco más, no es rara la alianza de estas organizaciones con grupos de «cristianos de base» (sin saber muy bien qué significa); por tratar el grupo que más nos toca, ETA pudo nacer en un seminario, como se dice, pero ahora constituye el núcleo de activismo social más contrario a la Iglesia en Euskalherria. Templos, seminarios y romerías vacías, si no es para hacer propaganda política. Y las pocas relaciones que aún guardan son con eso llamado «curas rojos», que serán muy cristianos, pero no católicos. Éstos, en cambio, sí han tenido siempre relación con las armas, pero con las armas del pueblo, la guerrilla: carlismo español, sinarquismo mexicano, legitimismo francés,… (Incluso los movimientos de resistencia árabe, de quienes los católicos son aliados naturales, a pesar del sionismo que ha acampado en la Iglesia en este siglo.) Unos gustan de guitarras y panderetas y comulgan con bizcochos; otros celebran en rito tridentino y celebran en templos barrocos con Bach, Haendel o Beethoven.

4
Antes de seguir, hago una breve pausa para descartar aún otros tipos de terrorismo. Para ello, hay que clasificar los terrorismos en tres: de salvación, de resistencia y nihilista.
a. El terrorismo de salvación es aquel cuya principal intención es salvaguardar o redimir los intereses de un grupo, normalmente la clase obrera, o de un pueblo. Así, en España, el GRAPO y la ETA, respectivamente. No es hora de discutir sobre si el colectivismo quiere redimir a todos: no quiere. Le bastan -ora en su variante estatista, ora en la anarquista- los de dentro y los trabajadores y le sobran los de fuera, la burguesía y la nobleza.
b. El terrorismo de resistencia es el que comienza con una invasión territorial. Es decir, es pueblo organizado, sin llegar a guerrilla. El caso palestino es paradigmático (Hamás, ¿Fatah?), aunque hay grupos que son de salvación (FPLP, FDLP). Sin embargo, el grupo que mejor lo ilustra es el IRA, que comenzó en 1919 como organización formal pero que ya funcionaba para los fenianos desde mediados del XIX. No obstante esta denominación debe ser erradicada, porque a muchas guerrillas se les llama terrorismos con tal de desacreditar a sus integrantes. Georgia, Praga, India, Irak, Afganistán,… ¿alguien se atrevería a tildar a los españoles de 1808 de terroristas? Los periodistas, si tercia el tirano (yanqui o soviético), sí.
c. Y el terrorismo nihilista, que no pretende más que el caos o la desaparición del orden establecido, sin pretensión alguna. El ya citado Necháiev, por ejemplo, pero también algunos elementos del primer anarquismo. Con otras palabras, la revolución como suficiente por sí misma, tal vez fruto del pesimismo, como decía Nietzsche. Turguéniev, en Padres e hijos, aclara que «el nihilista es un hombre que no se doblega ante ninguna autoridad, que no acepta ningún principio como artículo de fe, por grande que sea el respeto que se dé a este principio».

5
A pesar de que la genealogía del terrorismo moderno nos lleva hasta el anarquismo y el nihilismo, estos dejan de ser el principal manantial de terroristas en cuanto los estatólatras, los resistentes y los guerrilleros toman las armas a mediados del XX. Prácticamente hasta la II Guerra Mundial, de la que a lo sumo surgió la Werwolf. Desde aquel momento, los anarquistas -que tanta fuerza tuvieron en Italia, en Francia y en España, con Barcelona coronada como «la ciudad de las bombas»- dejan de ser una preocupación; y los nihilistas, en realidad, no han sido otra cosa que carne de Hollywood para que Batman tenga un enemigo.
El anarquismo, por despacharlo en pocas líneas, triunfó en el siglo XIX y en el XX fue decayendo hasta evaporarse o diluirse en los grupos marxistas. Fue el siglo de los grandes colectivismos, la globalización y las direcciones férreas. Poco podían hacer libérrimos instauradores espontáneos del terror para destruir todas las instituciones, frente a aquellos que, organizados en milicias y con subvenciones directas de los estados, querían -en realidad, pese a quien pese- continuar con el statu quo y mantener esas mismas instituciones, con otros nombres. ¿Quién financia hoy el terrorismo? En España, el BBVA y los servicios secretos patrios y extranjeros.
Es una pena y probablemente la puñalada por la que más ha sangrado el bello anarquismo español, pero éste ya no es hoy nihilista, sino comunista. Hoy no encontramos aquellas gentes que tan bien novelaron Baroja, Azorín y Valle-Inclán. «–¿Qué quieren éztos? –me decía. –Derribarlo todo. […] ¡Todo!… Monarquía, República, curas, reyes, obispos… ¡todo abajo!» (Baroja, Aurora roja). Encontramos, por el contrario, anarcas pidiendo a gritos y pedradas la nacionalización de la banca y Seguridad Social gratuita para todos.
Así que la deriva del terrorismo tenía que ir de la mano de la deriva ideológica de los terroristas, como es obvio. Del pesimismo nihilista y del terrorismo selectivo (los dogos venecianos enviaban en el siglo XVI a sicarios que cruzaban Europa entera para eliminar algún adversario), se pasó a los frentes de salvación y de liberación; el primero de los grupos. Es decir, al terrorismo iluminado.

Al principio he recurrido a santa Teresa. Su «nada te turbe» no es exclusivo de ella, es un principio hermético. Es decir, de nuestros abuelos, porque la hermética es todo eso que ellos sabían y que nosotros hemos olvidado. La tranquilidad sagrada que se respira en un viejo pueblo… No hace falta buscar el satori ni suspender el paso del tiempo con mecanismos respiratorios, sexuales o psicodélicos. Ellos eran conscientes del mundo y estaban bien. Con razón dijo Ganivet que cuando inventaron el cristianismo y nos lo trajeron a España [quería decir catolicismo, que aquí fue gnóstico y priscilianista al principio], no hizo falta pelear, porque nosotros ya teníamos el nuestro: el estoicismo.
Un terrorista jamás se conformará con el no menos esotérico hic et nunc; por algo pintan poco en Eleusis.
Muy al contrario: es alguien concienciado, que se preocupa por cosas y decide hacer algo. Un activista, en resumen, imbuido además del «complejo de Jesucristo» (Gustavo Bueno), que viene a juzgar a vivos y a muertos, redimir a la Humanidad y enseñar un camino de caridad y perdón, o igualdad y fraternidad. Dentro de cada voluntario de la Cruz Roja hay un terrorista en potencia. Los que abrazan árboles para que no los talen, quizá acaben poniendo bombas. Aritmética del bien y del mal. Cuidado con los profetas y los misioneros. Si no ellos, su mensaje calará en algún iluminado que se arrogue el deber (normalmente dado por Dios) para jugar con las vidas de los demás con tal de realizar su paranoia, de materializar sus delirios. ¡Y no valen entelequias como la voluntad colectiva gramsciana! Si la hubiere, que forme una guerrilla.
Una pirámide no se derrumba rompiendo la cúspide, ni usando un tirachinas al azar contra su costado; a no ser que los marxistas de nuevo cuño no quieran realmente derrumbar la pirámide…

Cuando Hesíodo escribe en su Teogonía que «antes que todas las cosas, en un comienzo, fue el infinito Caos»; cuando el Génesis comienza diciendo que «al principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo»; entonces, digo, llega el terrorista y se presenta como reconstructor de la realidad para alcanzar un orden mejor. ¿Se me entiende? ¿Notáis el olor a azufre, a modernidad, a Derrida? El terrorista es Satán , es decir un envidioso de Dios que quiere su trono y, como no puede, juega a imitarlo para pesar, dolor, lágrimas y sangre de quienes le rodean.
Ocurre, además, que el sacrilegio refuerza la moral, con lo que el terrorismo, rodeado de una aureola de rebeldía e inconformismo, no es más que un juego de burgueses aburridos y cobardes, que a la postre provocan un rechazo a la violencia que a todas luces es ridículo. Así que cuando el pueblo verdaderamente se quiere levantar, proscribe la violencia para no ser confundido con los iluminados terroristas. Siguen a Thoreau, aunque sin comprenderlo exactamente (el deficitario  y subvencionado Público se empeña en que es uno de los suyos…), cuando denuncia que por cada delito anarquista surgen cien leyes del Estado. ¿Por qué el primer paso del 15-M no fue, como algunos pedimos, asaltar las sedes del poder? ¡Porque están obnubilados, tan larga es la mano de Satán! La televisión, natural aliada del terrorista, convierte sus acciones en parte de la sociedad del espectáculo. Tan grabado queda en la retina, que después cualquier aspiración legítima de un pueblo se ahoga en pacifismo. Si se atrevieran a hacer la guerra, las cosas serían bien diferentes.
Esto sólo pasa en Occidente. Sin ir muy lejos: Asia está regida por el principio de eterno retorno. El aguante es natural. Nadie coge el Tao en una mano y un Kalashnikov en la otra, si no es para defender su casa. ¿Naciones, ideas? Ubi vene ibi patria. Lo otro, jugar a rebeldes con violencia mesiánica y santa cólera, sólo lo hacen el occidental y el occidentalizado, para quienes todo es lineal. Se especializan, por lo tanto, en violar, forzar y precipitar la historia.

Y en estas, yo, como Lizano, «¡huyo, es la peste, de las personas rectas!».

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§ 3 respuestas a La iluminación terrorista

  • […] para peor. Cierto que hay casos de defensa extrema y por eso defendí la guerrilla en el ensayo La iluminación terrorista. Pero salvo ahí, lo mejor es no tener ideas y vivir intensamente. Si algo tiene que salir, si un […]

  • […] Los militantes de la compasión casi nunca son los necesitados de ella, sino iluminados [v. La iluminación terrorista] que se creen en la obligación de redimir a un grupo. ¿Cuántos vagabundos se manifiestan por los […]

  • thoi trang dice:

    Educated in Karachi and encouraged by her father to speak her mind, Khalida was the first
    girl in her village to go away. Now men can only see ornamentation as a part of apparel that will complete the overall fashion statement
    of its era. The Spring 2007 Proenza Schouler runway show featured the labels characteristically modern designs.
    But they don’t necessarily require those who are shopping in these section are women.

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