Los amores perdidos (4)

marzo 8, 2012 § Deja un comentario

Y ¿qué si hubiese requebrado con más fortuna a Blanca hace unas semanas? Los primeros pasos merecen el respeto de cuantos se dedican al pordiosero oficio de ligar. Una noche sin más acercamiento que los pertinentes besos de cortesía ni la elegante despedida cantando al reencuentro. A la mañana siguiente, con magnífica oportunidad, el desayuno sirvió de desamarre entre nosotros. ¡Pero la distancia otra vez se me interpone! Con la prontitud de los acontecimientos y de la salida de escena de los dos, sin tiempo para asentar los afectos, se impone el buen recuerdo y el extravío de pretéritas emociones. Oh, si el amor funcionase en lontananza. Lástima que sea una contradictio in adjecto. Si al menos su figura pudiese aparecer más definida en el horizonte, podría funcionar –la corta duración de los sucesos impidió que ésta arraigara en mí. Por eso, infinitamente más importante que el espacio, es el tiempo. Aquí también yerran los que teorizan sin hacer.

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