La canción de Roldán [Dragó]

abril 9, 2012 § Deja un comentario

LA NOVELA picaresca sólo podía inventarse aquí. ¿Hay en el mundo alguna otra nación, fuera de las que heredaron nuestra sinvergonzonería, en la que se aplauda y admire al pícaro elevándolo a modelo por muchos envidiado? Considere quien lo dude los programas de la telecaca, cuyos espectadores son capaces de convertir en princesa del pueblo a Belén Esteban, a la Pantoja en Marilyn y en ídolos de los jasp a los especímenes de barraca de feria enjaulados en esa isla orwelliana del doctor Moreau que gobierna en Telecinco una feroz domadora.

Escribo esto en otra isla: una de las cuatro mil que salpican el Mekong en Laos. Más lejos, imposible. ¿Cómo imaginar que el señor Inboualivanh Soumpholphakdy, gerente de un delicioso hotel flotante y hombre amabilísimo, iba a preguntarme esta mañana por un mafioso español -eso dijo- que anduvo por aquí hace unos años y al que todos los gestores del turismo local están sumamente agradecidos?

Yo, al principio, no caía. ¿Un mafioso español en Laos? Y de repente, ¡tate!… ¡Roldán!, exclamé. ¡Ése!, dijo mi interlocutor. Y pasó a explicar que antes de su llegada ningún español aparecía por aquí, pero que a partir de entonces empezaron a acudir como moscas a la mierda. El parangón es mío. Recuerde el lector que algunas agencias de viajes marbellíes incluyeron en sus tours la visita al cerrado portón del chalet en el que vivieron, hasta que un juez los separó, el alcalde y la tonadillera.

Supongo que Roldán tiene el riñón más que cubierto, pues nunca devolvió el botín (y este año, encima, Hacienda le ha devuelto no sé qué), pero, vistos los antecedentes y la admiración que hazañas como la suya suelen despertar en mis compatriotas, bien podría salir de apuros, si los hay, y volver por sus salaces fueros abriendo en Vientián un club de encuentros -el Roldan’s Bar- con chicas de alterne rumanas, swinging en calzoncillos, el capitán Khan en la puerta con charreteras y gorra de plato, y en la caja, tras su resurrección, Paesa. El logotipo del establecimiento podría ser un bicornio. Seguro que el ex guardia civil se forraba, aunque su clientela fuese sólo de españoles, y lo mismo le imponía el gobierno laosiano una medalla para premiar su contribución al incremento del turismo.

Ya sé que la Chanson de Roland es canción de gesta y no novela picaresca, pero la de Roldán podría ser lo segundo. Méritos, a su protagonista, no le faltan. ¿Doy ideas? Sólo pido un diez por ciento. Tome nota, Paesa.

[Fernando Sánchez Dragó en El Mundo, El lobo feroz (9.IV.2012).]

 

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