Elefanticidio [Dragó]

abril 16, 2012 § Deja un comentario

LAMENTO escribir esta columna, Majestad, pero el canon me obliga a ello. Las campanas de la prensa y de la Red, que ayer tocaban a rebato, doblan hoy por la institución que usted preside. Le apeo el vos.

¡Extrañas sincronías las que una y otra vez se producen entre las grandes fechas de la historia de este ex país! 20-F (caballo blanco de Pavía, muerte del Ausente y del Caudillo, elefante -también blanco- de Tejero) y 14-A: segunda república, segundo elefante, esta vez de color grisáceo, y enésima expulsión de los Borbones. Se ve venir, Señor. No permita que se lo escondan.

Siempre se dijo que los reyes de Castilla estaban en Babia, gozando de la caza, el catre y la mesa, mientras sus súbditos comían mendrugos, se apañaban con la parienta y capturaban cucarachas. A partir de ahora se dirá que están en Botsuana.

Stefan Zweig sostenía que las menudencias suelen ser factores desencadenantes de los seísmos históricos: la fimosis de Luis XVI, los pastelillos de María Antonieta, la apostura de Godoy, el potaje frío de testículos de toro que dejó sin descendencia a Germana de Foix, el oso (quizá borracho) de Favila y ahora, qué mala pata, el elefanticidio trufado de suicidio y regicidio.

Por él nos enteramos de que a usted, Majestad, no son las estrecheces de los españoles lo que le quita el sueño. Su tropezón en un inoportuno peldaño se produjo entre las dos y las cuatro de la mañana. No son horas, Señor.

El 15 de noviembre del año 30 publicó Ortega el más célebre de sus artículos: Delenda est monarchia. Cinco meses después podría haber escrito otro: Deleta est monarchia. Yo, menos profético y más realista (con perdón), optaría hoy por la segunda fórmula: no cabe destruir lo que ya ha sido destruido.

Doña Sofía, al menos, si eso sucede, podría separarse del hombre al que nunca amó y la princesa triste de Rubén recuperaría la risa y el color.

No soy monárquico, por lo que me deja indiferente el fin de la Corona, pero tampoco soy republicano, por lo que me entristece el advenimiento de la república. Sé que cuando llegue parafrasearé de nuevo a Ortega y escribiré: ¡No es esto, no es esto!

Se acercan días convulsos. Lo que nos faltaba. Tendrán que intervenirnos. Pero, tras la oleada jacobina que convertirá la Zarzuela en parque temático, llegará otra Constitución. Bienvenida sea, si devuelve la unidad a España. Quede así del todo desatado lo que Franco ató.

[Fernando Sánchez Dragó en El Mundo, El lobo feroz (16.IV.2012).]

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