Los amores perdidos (6)

abril 23, 2012 § Deja un comentario

El caso de Sara  es bien distinto y sumamente trágico. Lo que empezó pronto como una de esas ficciones que construyen los audaces, la amistad intersexual (por mucho que Julián Marías dijera que era posible), se convirtió al cabo de pocos meses en un tormentoso idilio. ¿El problema? Siete años y un trauma -causa y consecuencia de ello- entre nosotros. A los meses noveleros le seguían otros de vacío rodeado de nostalgia, siempre con el lamento de que el cabrón de Dios no podía hacernos eso. Y así hasta el culmen en éxtasis, que, como en la droga, vino proseguido de una resaca repleta de dolores. Un calvario que se tradujo indefectiblemente en la decisión de volver a caer. Si esa peripecia anisonógama se hubiese formalizado, ¿no sería yo un cabrón con pintas? No negaré que soñé más de una noche con hacerlo. Me parece que hoy estaría reformado, quizás, en circunspecto y responsable. Sería la envidia de muchos; hay amigos que me han pagado noches de juerga para celebrar lo que había. ¿No me pagarían hasta un coche con esto? Me conformo con la admiración y la envidia. Al fin y al cabo, estar con una mujer mayor sólo conlleva seriedad a la vida, un precio que no estoy muy seguro de querer pagar.

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