Derecho a no tener ideas

abril 24, 2012 § Deja un comentario

Reivindico el derecho a no tener ideas. El periodismo, por cierto, representa exactamente lo contrario: la obligación de tener una opinión sobre todo, por nimio o insignificante que sea. Si es zafio o maloliente mejor. Pero ya se sabe, ley de oferta y demanda. Pues frente a la sociedad de la información al instante, frente a la politización constante y machacona de todo acto, frente a la obsesión que impregna de sentido cada segundo de cada vida según a dónde vayan dirigidos sus pasos; frente a eso, digo, quiero hacer una apuesta por la serenidad festiva y la espontaneidad.

Campa la especie de que quien no tiene inquietudes políticas (y es indiferente la orientación, para el caso poco importa ser güelfo o gibelino porque son todos iguales), no se está realizando como persona. Le falta algo, o algo falla en su intelecto. Es un conformista, un borrego pastoreado por los señores feudales de la post-modernidad, es decir «políticos y banqueros».

Y yo digo que tener ideas es una pérdida de tiempo y una falta contra la estética y el buen decoro. Pienso en las manifestaciones y me da dolor de cabeza, en los minutos de silencio y me entran náuseas, en las concentraciones y se me despresuriza el cuerpo. No exagero. Eso es propio de sociedades enfermas o aburridas, que han perdido el sentido de la colectividad y ya sólo se sienten miembros societarios cuando gritan a favor o en contra de algo.

Pero ¡qué elegancia la de la vida convertida en manifiesto! Hace poco algunos vivimos la Semana Santa. Al ser cosa propia de una religión todavía no ha perdido del todo su principal característica, que es la de ser parte de la vida normal de unas personas. ¿Por qué no cuentan a los individuos que participan en esas procesiones como si fueran manifestantes? ¿Por qué no hay al día siguiente un titular que diga «miles de personas a favor de la Semana Santa»? Por una sencilla razón: no están pidiendo nada, que es lo único que parece interesarnos, sino que están nada menos que viviéndolo.

Lo mismo valen la tradición de algún pueblo de hacer una paella popular determinado día del año para conmemorar una gesta o la costumbre en la costa de celebrar la llegada del verano con unas hogueras. Ahí, en esos instantes de -decía- serenidad festiva. Hay más fuerza política en una barbacoa vecinal que en todo el 15M. Política de polis, en su sentido más comunitario.

Este es un mundo en el que hay más teorías que acciones y las personas dedican más tiempo a hablar de «la vida» que a vivir. Por eso, recojo la máxima de Ayn Rand en Los que vivimos y digo que «no quiero luchar por el pueblo ni contra el pueblo, quiero que me dejen solo… vivir». Lo demás -lema en la boca, piedra en la mano- sólo aboca a una masa esquizofrénica y vociferante. De las últimas revoluciones nos han venido el igualitarismo, el comunismo y el nazismo. Querido Estado: totus tuus. Así pues, ¡conformaos! Los cambios han sido siempre para peor. Cierto que hay casos de defensa extrema y por eso defendí la guerrilla en el ensayo La iluminación terrorista. Pero salvo ahí, lo mejor es no tener ideas y vivir intensamente. Si algo tiene que salir, si un río tiene que encontrar su curso, la Naturaleza lo hará. Como las raíces de un árbol que acaba abriéndose camino a pesar de los muros de hormigón que haya en su camino.

Anuncios

Etiquetado:, , , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Derecho a no tener ideas en Algaida.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: