Dos notas sobre el ‘Llamamiento geniano’

mayo 2, 2012 § Deja un comentario

Federico Barbarroja, Caudillo de Europa

Hace unos días rescaté uno de mis textos favoritos, el Llamamiento geniano que redacté en octubre de 2010. Proclama que quiso ser un manifiesto en defensa de la civilización barbada, en serio peligro de extinción por el cerco en el que la tiene la civilización postmoderna de la androginia y la asexualidad. Alcé mi voz y algunos me secundaron. Fue un bonito gesto del que han pasado menos de dos años, pero ya siento que alguno de sus párrafos está algo apolillado o que ya no lo suscribiría con tanto entusiasmo. Sobre todo en lo que a conceptos políticos se refiere. El Llamamiento nació junto a todo el opúsculo Gloria eterna a Pan, al que pertenecía, en unas condiciones poco normales. La noche anterior me había reencontrado con mi amada después de un año y pico y esa misma mañana sabía que no volvería a verla en otros doce meses. Ay, tragedias de juventud. Cabezazos contra muros, miopía, enfermedades mentales; eso es el amor. Yo, claro, no lo sabía, así que para digerir con maña y descartando -cobarde- la fuerza, me di a «la funesta manía de pensar». Reexaminé en el camino los mitos griegos y me deshice de la mitad de la herencia cultural europea, pero no importaba. Tenía que explicarme qué sentido tiene la vida de un hombre desangelado en un mundo en el que todos somos iguales. Algún día podré hacer un Ecce homo; mientras tanto, me critico articulillos de bitácora digital:

 

1 – El erizo

 

Es probablemente la imagen que más fortuna hizo de todo el manifiesto.

El erizo es en general un animal solitario; a los de su especio los atrae embadurnándose el cuerpo con saliva, a los enemigos los repele encerrándose en su carcasa de pinchos. Con unos permanece lo que dura la cópula, con otros lo que tarda en retirarse el agresor.

Quizá no quedó del todo clara la voluptuosidad del erizo. ¡Saliva o pinchos! El contraste es evidente, hay ayuntamiento completo -metafórico, está bien, en algunos casos; por eso hablaba de que «nosotros que entendemos la amistad en su sentido más excelso…»- o hay conflicto. Así, no padecerá en el enamoramiento el mal de la cristalización, que según Stendhal se asemeja a lo que le ocurre a un viejo trozo de madera al caer en una mina de sal. Se recubre de cristales y parece una joya, pero al poco tiempo se desprenden y se revela la verdad: no es más que una madera podrida. ¿Es solitario el erizo? ¡Claro! Pero bien remarco que «no hay una natural sociabilidad» y que «sería ridículamente artificial procurársela». No es un feliz cervatillo que pasea por el prado, en un desgraciado que desconfía de todos, que probablemente tenga úlcera de estómago y que es feliz escarbando en sus propias miserias. Es capaz de viajar, como Orfeo, hasta la misma Muerte para rescatar a su amada, pero para la vida diaria prefiere la tranquilidad que le aportan sus defensas naturales.

 

2 – La cosa capitalista

 

En aquellos tiempos viajaba yo desde el socialismo de Saló hacia el anarcosocialismo primitivista. No estaba, pues, para bromas sobre el sistema que -pensaba- rige nuestro mundo: el capitalismo. Además, el estilo sentencioso no ayudaba me a explicarme bien.

Y como todo tiende al Uno -en economía, mercado monopolístico-, e incluso el capitalismo tiene sus arquetipos (introducidos a presión en el inconsciente colectivo a través de la «tele-realidad», verbigracia la parrilla televisiva, reality show), la Persona futura es físicamente un andrógino que, para remarcar su vulgaridad, mentalmente es un machista o una feminista, respectivamente.

Por si fuera poco, relacionaba de una forma bastante acrobática la economía con las tendencias andróginas del mundo. Acusar al capitalismo de tamaño crimen es como culpar a los marcianos de la huída al galope de Guardiola; ninguno de los dos existen, o al menos no los conocemos. Efectivamente, son la televisión y sus reality show’s los que espolean el asexualismo, pero ¿qué tiene eso que ver con el capitalismo? No quiero entrar en disquisiciones económicas, pero la avanzadilla ideológica -como de hecho ya intuí hace unos años en un artículo, Vanguardia y retaguardia del Sistema, que publiqué en no sé qué revistila postfascista- no la constituyen los gordos empresarios con puro en la boca, sino el mismo Estado a través del antifascismo -el Holocausto es su religión; gracias, maestro Buela- y el puritanismo con respecto al cumplimiento de las normas estatales. ¿Quiénes se benefician? Los empresarios no, porque si todos somos iguales en identidad no hay mercado fuera del monopolio; sólo se benefician las castas políticas que refuerzas su poder y los serviles, esclavos felices e ingenuos.

El capitalismo concebido como actitud revolucionaria y dinámica es todo lo contrario. Un laissez faire al que no le importa qué haga cada cual, mientras no moleste.

También resbalé en el punto 4 de los presupuestos:

Cualquier desvoluptuosización del cuerpo es un crimen. Y su conversión en modelo ejemplarizante y didáctico es el culmen de un proceso mercantilista…

Debería decir anti-mercantilista.

 

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