Los amores perdidos (8)

mayo 17, 2012 § Deja un comentario

Hay una mujer, Maja, que en cierto modo se parece a ella. Se encuentra, también, sobre el cerro dominante. Aunque no la conozco muy bien (nuestras escasas conversaciones fueron más bien superficiales, de preámbulo), tuvimos nuestra aventura y aprendí que es libre y consecuente con esa libertad. Le puso, según tengo entendido, los cuernos a su novio conmigo. Y ya van tres y media. ¿Me harán a mí lo mismo? Si hubiese fructificado la aventura me habría introducido, sin duda, en el mundo del que ella procede. No me habría costado porque de alguna manera yo también participo, a mi ritmo, de él. Seríamos una pareja heteróclita y desordenada. Me la habrían levantado, sospecho, y yo no lo sabría. Andaría por bares de modernidad oscura y escucharía música alternativa, jipi y mod. Habría hedonismo en cada gesto y circunstancia, juguetearía con los zarcillos que le agujerean las zonas vergonzosas, nos desharíamos ayuntándonos con violencia; al poco tiempo nos cansaríamos. Le doy tres meses, a lo sumo. Y una brusca separación. Habría aprendido y con eso me conformo.

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