House

mayo 22, 2012 § Deja un comentario

Y se acabó. El genio, el héroe; Gregory House se despide. Le tengo especial cariño a este personaje. En el primer número de La Comuna de los Desheredados publiqué un artículo titulado El Club de las Tres Haches en el que trazaba paralelos entre Henry Higgins (del Pigmalion de Shaw, más conocido por My fair lady), Sherlock Holmes y él. Corría julio de 2008 y la cuarta temporada había terminado apenas dos meses antes, precisamente alcanzando la mitad de la serie en la que el carácter de House acaba de formarse y presentarse al público, asentando al fin el personaje con la aparición de Olivia Wilde, Peter Jacobson y Kal Penn.

A estas alturas, me parece una pérdida de tiempo cruzar de nuevo referencias como las drogadicciones, los guiños de House M. D. a Conan Doyle o hacer estudios onomásticos. Como dije en su momento, «si alguien busca detalles concretísimos compartidos por los tres, puede pasarse por la Wikipedia o buscar alguno de los sesudísimos estudios comparativos que alguna sanguijuela ha sacado de ahí». Aunque, dado que todos se han centrado en Holmes, me permitiré llamar la atención sobre la similitud entre Lisa Cuddy y Liza Doolitle.

La segunda parte de la serie, temporadas quinta a octava, ha sido irregular. Con etapas desesperantes. Pero ahora sólo podemos alabarlas. Echando la vista atrás vemos que House vive tres ritos de pasos: muerte del padre (y suicidio de Kutner), psiquiátrico y cárcel. En medio, entrecruzada, la historia de amor y desamor con Cuddy. La muerte del padre en realidad le importa bien poco, sobre todo cuando descubre que en realidad no lo era, pero lo cierto es que en ese momento (quinta temporada) comienza la espiral de caída que aumenta con el suicidio Kutner y las alucinaciones que le llevan al manicomio.

Dejando de lado lo anecdótico, que en la serie es casi todo, la serie tiene unas etapas que culminan en el último capítulo de la octava temporada. Tras esos tres ritos de paso, llega la posible falta del amigo, del compañero de batallas, Wilson. Y es este el único momento en toda la historia en el que House realmente flaquea, delira y está dispuesto ¡a suicidarse! Esos mismos que le acusaba de sociópata callan ahora al ver el alto concepto que tiene el doctor de la amistad. ¿O será egoísmo?

El último capítulo, giros holmesianos aparte (quizá la mejor opción de las tres o cuatro que barajaban para cerrar la serie), es un canto a la vida que podríamos resumir con la última canción, Enjoy yourself (it’s later than you thing). Aunque cada una de las buenas acciones de House puedan achacársele a motivaciones exclusivamente egoístas -y así lo reconoce Wilson en el funeral, el único con agallas y el único que merece su aprecio real-, a la postre esas acciones redundan en beneficio de todos. Para él todo responde a razones arcanas para el resto, pero qué más da. Nada importa nada, ni el trabajo ni la vida civil ni el reconocimiento de los demás ni su misma madre. Hace un auténtico renacimiento de las cenizas, como el fénix, para encarar una nueva etapa sin saber qué vendrá detrás. Al cabo de unos años ¿vagabundeará por las calles? No es esa la pregunta. Verlo partir con Wilson cada uno en una moto es una lección de hedonismo.

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