Frente a la compasión

junio 4, 2012 § 1 comentario

Hace unos días una amiga me dio el aviso de que Antonio Escohotado iba a dar la conferencia magistral del día 19 de junio en el V Congreso de Economía Austriaca (Instituto Juan de Mariana), correspondiente al bloque Liberalismo, sociología y política. Curiosamente, estos días estoy releyendo Los enemigos del comercio, primer tomo de una excepcional historia económica. En él hace una denuncia del pobrismo del cristianismo -de todos los cristianismos- como principal causante del ocaso de Roma y de la quiebra permanente de sus sucesores. Algo que vemos resumido, con más gracia y sin poner apellidos en las clases de Huerta de Soto. Pero no se queda ahí. Si la Pax Dei medioeval es maligna (que en términos de flujo mercantil significa que se limita la enajenación, «la trasmisión de tierras sólo es firme indiscutiblemente para donaciones a la Iglesia, un rey o un señor», se prohíbe el cambio de oficio y domicilio,…), lo cierto es que Mahoma y los suyos «son comunistas de corazón que aceptan la propiedad privada como mal menor» y que «Calvino monta en Ginebra una teocracia a lo israelita que es nefasa para el comercio». Tampoco se salvan los judíos, influencia de que después los judeocristianos -no los grecocristianos- se descuelguen con el «alzamiento general de pobres contra ricos» [1]. Ay, César Vidal.

Reflexionando sobre las tendencias absolutistas de los monoteísmos (bastante similar al de los ateísmos -en plural, sí-), palpable con la revisión del libro, con la lectura de Gibbon y con un análisis siquiera superficial de sus textos fundacionales, es inevitable localizar el cáncer en la perversa virtud de la compasión. Es cierto que Escohotado revisa la historia para confirmar que el cristianismo -en parte al menos- dejó de ser pobrista allá por el Renacimiento, pero es que precisamente entonces se dejan de lado determinadas costumbres y en la Iglesia se lleva a cabo una Contrarreforma que va más allá, sin eliminar el rito, de las pretensiones iconoclastas de Lutero, Calvino y las noventa y cinco tesis.

Pero no me interesan las religiones, hoy instituciones sin influencia práctica, sino las ideologías modernas. En concreto, el socialismo en todas sus variantes, sea primitivista, de economía mixta, de bloques o mundialista. El de la China, la Unión Europea, el ALBA o el Congo RD. ¿Qué impulsa a un tipo a poner una bomba en un centro comercial, a matar a un político o a secuestrar a un policía? La compasión por los pobres, los oprimidos, los desgraciados, los perseguidos. Los militantes de la compasión casi nunca son los necesitados de ella, sino iluminados [v. La iluminación terrorista] que se creen en la obligación de redimir a un grupo. ¿Cuántos vagabundos se manifiestan por los derechos obreros?

(En este punto tengo que enmendarme parcialmente. En La iluminación terrorista no precisé una diferencia entre dos tipos de compasión, cosa que ahora gracias a la lectura mortificante del Quinto Evangelista, César Vidal, puedo hacer. Existe una compasión real, que mueve a hacer el bien de manera individual, caótica si se quiere, de manera voluntaria y por proximidad. Hay comedores sociales, colaboraciones vecinales y obras benéficas que son encomiables. Algo parecido a la empatía de Adam Smith o a la amistad nietzscheana. Por otro lado, existe una compasión iluminada que quiere redimir a la humanidad con revoluciones orquestadas al milímetro y que utilizan la moral como arma a menudo asesina. Tienen como modelo al terrorista Robin Hood.)

Acudiendo al ámbito estatal, nos encontramos con algo similar. Como he mentado a Huerta de Soto, me referiré a lo único que los austríacos temen más que una deuda: los impuestos. ¿A qué se deben? ¿Todavía hay quien cree que el Leviatán es un autómata en su sentido más estricto? El Estado está formado y dirigido por personas a quienes mueve, para bien y para mal, la compasión por los ciudadanos. Probablemente hacen como aquel analfabeto que le daba puñetazos en la cara a su amigo para evitar que le picara una mosca, pero al fin y al cabo les mueve la compasión. El bien común, el bienestar social, la bondad infinita. Da lo mismo. Son los mismos -unos en las barricadas callejeras, otros en las barricadas de Poder- que por compasión con los trabajadores restringen la libertad económica y acaban perjudicando a todos para ayudar a unos pocos, que también sufren los daños.

Frente a la compasión, un sentimiento decadente, desmovilizador, lunar y pesimista, propongo la idea solar de la empatía.

Y corto aquí porque acabo de descubrir un artículo que acaba por mí. Y para qué decirlo dos veces (aunque él habla de simpatía).

Contra la compasión: http://bradanovic.blogspot.com.es/2009/01/contra-la-compasin.html

Anuncios

Etiquetado:, , , , , , , , ,

§ Una respuesta a Frente a la compasión

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Frente a la compasión en Algaida.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: