Degradante 2

agosto 3, 2013 § Deja un comentario

En propio de una sociedad relativista, que ha perdido el rumbo, confundir el uso para el que están destinadas las cosas y someterse a ellas, subyugando la humanidad a las cosas materiales. Claro ejemplo de ello con las zapatillas de deporte, que son usadas para todo menos para hacer deporte.

Aunque abomino de las discotecas, agujeros infernales donde se practica el cortejo del mandril, hay que reconocer que sus porteros consiguen una depuración estética nada desdeñable, entre otras cosas porque no te dejan entrar con zapatillas de deporte. Aunque es cierto que esos porteros no lo hacen por una excesiva preocupación en que las cosas se hagan bien, los medios son los mismos. Y es que llaman la atención y son una falta de respeto al otro.

Cuando tienes una reunión, y no digamos cuando quedas para tomar un aperitivo o unas copas, y aparece alguien con uno de esas espantosas zapatillas, te da la sensación de que tiene mucha prisa y va a echar a correr en cualquier momento. Por no hablar de la agresividad que desprende, como todo lo relacionado con el deporte.

Otra prenda relacionada con esas actividades animales de sobreexplotación del cuerpo para suplir traumas, es el pantalón corto. Como la mayoría de las degradaciones europeas, su uso se difundió tras la II Guerra Mundial. Hasta entonces, los niños impúberes eran sus exclusivos usuarios. Hoy es habitual ver a señores de más de cuarenta años con dicha ofensa a la decencia; nadie les ha explicado que no queremos ver sus pantorrillas.

Tal y como me expuso con tremenda audacia un viejo amigo -carlista, por cierto, de pura cepa- mientras contemplábamos desde el sofá a su mujer terminando de preparar la cena, una persona no se viste sólo para verse bien o sentirse cómodo. Esa es la mitad del camino. Uno también se viste para los demás, con la obligación de tener especial cuidado en no mover a escándalo, de no insultar su inteligencia, de no resultar desagradables y de estar adecuado para la ocasión.

La ropa es uno de los instrumentos que, sujetos a nuestro control, nos permiten reivindicar y sublimar los logros de tres milenios de cultura europea. Ponerse unas zapatillas de deporte y unos pantalones cortos sólo porque son más cómodos es escupir sobre lo que representamos.

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