Volverá a reir la primavera

noviembre 2, 2013 § 3 comentarios

Vengo de estar con Albert Rivera y vengo impresionado. Era una charla política en un pequeño círculo, previo a la conferencia institucional que estará dando al tiempo que yo escribo estas líneas, a la que me he negado a asistir: demasiada gente. Populismo a espuertas, banalidades y aplauso fácil. No donde yo he estado, porque le hemos bombardeado a preguntas, algunas comprometedoras, de esas en las que esperas que salga corriendo y no que enfrente el toro de cara y con el capote por detrás.

Me disculparán si utilizo una figura muy mal vista. Me ha recordado a José Antonio, con la diferencia de que él no es hijo de. Es el hermano de todos nosotros, el de una generación que se ha criado con la Constitución de 1978, que no ha conocido otra cosa que esta particocracia, que incluso Suárez le pilla lejos. Una generación cuyo primer recuerdo político, en muchos casos, es el asesinato de Miguel Ángel. Un caladero de votos que ya no teme a los curas o a la URSS, sino a la corrupción política y económica. Que mira alrededor y no entiende por qué andan todos a garrotazos, si somos vecinos.

Han salido dos nombres propios en el párrafo anterior y quiero aclarar por qué, aunque Hemingway aconsejara aquello de no explicarse nunca. El de José Antonio, porque siempre me ha fascinado el trasfondo de su propuesta revolucionaria, mucho más allá del franquismo posterior y de la Primera Línea, que hizo a su partido merecedor del pseudónimo Funeraria Española. Hay un José Antonio transversal, aglutinador y estepario, que gracias a su belleza y a su oratoria hipnótica, a su fanatismo santo, lo convirtieron en un mito por encima del Movimiento y del Gobierno en el Exilio; un José Antonio hecho Redentor, que tanta estopa daba a unos como a otros, que sólo tenía una idea: el pueblo español. No España, no el pueblo; el pueblo español. Su solución podía ser mejor o peor -para mí, mala-, pero hay algo atractivo en una persona que queda prendada de Mussolini no porque sea guapetón, rico y le obedezca todo el pueblo, sino porque a las doce de la noche sólo se ve luz en una ventana… y es la del despacho del Duce, que está velando por su patria. Después cogieron esa idea y la aplicaron a la ventanita del Pardo. Bah.

El  José Antonio que me interesa es el que quería ocupar -sigo en esto las tesis de Fernando Márquez- el espacio que después ocupó Suárez. Y que ahora puede ocupar Albert.

Y Miguel Ángel. Aquel trece de julio hubo un primer intento de organización de la sociedad civil que logró, en medio de una lluvia violenta y salvaje, poner coto a la barbarie. Los ciudadanos, echados a la calle, persiguiendo a los colectivistas asesinos como no habían hecho en treinta años. Aquello sólo duró unos días, pero quedó una idea: no podemos seguir así. Miguel Ángel, con su martirio, consiguió poner de acuerdo a toda la sociedad para que no transigiera ni una sola vez más con esa tormenta de plomo. Algo cambió entonces. Aunque sólo fuera por la famosa y malograda Ley de Partidos. Un consenso, una idea transversal que es, al mismo tiempo, revolucionaria, porque se enfrenta al poder: vamos a derrotar a los malos, aunque para ello haya que quitar de arriba a los que manda.

Por las buenas o por las urnas. Es decir.

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§ 3 respuestas a Volverá a reir la primavera

  • Sito dice:

    Envidia sana la que me das al haber conocido a una figuras que espero sea de las más importantes de la política española del s.XXI. Yo también me he conmocionado y soy un ferviente apóstol de Movimiento Ciudadano. Apóstol del que, como dices, espero que sea el redentor de la política española. Yo no sé si Albert Rivera se parece a Suárez o Jose Antonio, no los he conocido y poco los he escuchado. Pero lo que sé es que no se parece a nada que haya visto hasta ahora. Y lo que también sé es que desde que vi “la conjura del Goya” he vuelto a creer en la política. Me ha hecho vibrar, me ha hecho ilusionarme, me ha hecho pensar que hay alguna posibilidad de que este país cambie a mejor. Y además lo ha hecho con cada uno que ha visto su discurso. Me he dedicado a enseñarle “la conjura” a bastantes allegados y no hay nadie que no sienta lo mismo que el resto hemos sentido. Sé que no será nada fácil, pero Rivera y compañía y las decenas de miles de personas que le apoyamos en pocos días me han devuelto la esperanza en España, en mí país. En que hay unas ideas y unos cambios que una gran parte de los españoles deseamos, hay alguien que está dispuesto a liderarlas y hay suficientes ciudadanos que están dispuestos a pelear por ellas. Para mí eso es suficiente.

    Creo que en una próxima “Locura” debemos hablar de la “conjura”

    • Jalene dice:

      Autrement dit, on est toujours le renard ou le/la chauffard(e) d’, toutes classes confondues…– Tûuuut… Énième lieu commun, me rétorquez-vous sans ambages ; je l’aurais parié !Bon, admettons. Mais si j’ajoute : « Onyx soit qui mal y pense », vous voyez le * ?* l’explorateur Jacques C se serait-il assoupi ?[inutile de tourner autour du « poisson » ; le lac dont elle est l’éponyme ne tolère que les miiÃaorgoncsmes…](r  suivre)

  • X dice:

    Quedamos, pues, emplazados a la Locura. Palabra que vale para esta empresa también, porque etimológicamente locura no es enfermedad, sino genialidad.

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