Pedro José

febrero 1, 2014 § Deja un comentario

http://www.elmundo.es/television/2014/01/30/52ea9d84ca474113658b4579.html

Es, sin duda, el fundador del periodismo español. Hasta su llegada todo eran gacetilleros de provincias, portavocías del poder y columnismo de salón. Es el primer gran licenciado en Periodismo en España, y lo es de raza. Viendo las nuevas hornadas, será también de los últimos. Sus luces son claras: independencia como perfume y libertad como bandera, raspar y mostrar la roña del poder como vocación. Las sombras algo tibias: su empeño por buscar la bondad en los más indeseables.

SU periódico es parte de la historia reciente. Aunque algunos sólo aplaudan cuando muestra las miserias de los otros.

Y, por supuesto, aunque nadie haga el menor caso cuando denuncia la gran estafa de los últimos 150 años: el 11M.

Ya tiene dos medallas: las veces que lo han echado de su periódico, una el PSOE y, ahora, el PP.

España de campo frío

diciembre 22, 2013 § Deja un comentario

Rafael García Serrano, que amén de un gran escritor –Eugenio es lo mejor de la Guerra- era un bestia, sentenció al final de La gran esperanza que cuando un pueblo deja de ser joven de corazón, no se limita a morir: hace el ridículo. Esa es la sensación que tenemos hoy muchos en este corral ibérico, vulgo España. La cosa ya empezó a verse mal cuando una de las mejores cabezas de su tiempo, Unamuno, cometió el craso error, por mimetizarse con la muchedumbre que lo rodeaba, de tirarse a pecho descubierto por el despeñadero del «que inventen ellos».

Que inventen ellos que nosotros estamos para otra cosa. Para estar de fiesta hasta la siete de la mañana, para lo lúbrico y para lo lúdico, para palmear y hacer paellas. Eso es lo que transmite, para oprobio de la España decente, el anuncio de Campofrío. El anuncio de la mortadela parece de factura extranjera, hecho con el único propósito de hundirnos un poco más en el barrizal de esa idea demoníaca del patrioterismo más miserable. Ese que con tanto acierto describe Julio Anguita cada vez que puede, comparándolo con el patriotismo; reconozcamos los méritos intelectuales del Califa Rojo, aunque sean escasos.

Lo extraño no es que haya anuncios de baja estofa e ideas degeneradas, sino que se presten a colaborar con la contaminación los personajes más carismáticos para el pueblo, los cómicos. Pero qué se puede esperar de una muchedumbre que se parte la caja con el Chiquito y las dos gemelas rubias. No se puede esperar nada. Si acaso, ese anuncio, esa masturbación: nos va mal, pero en realidad somos la leche porque nuestra vagueza la hermoseamos con carcajadas y pachangas. La mentalidad idiota del «más se perdió en Cuba y volvieron cantando». Se puede ser optimista y se puede ser un cafre que encubre los constante fracasos derivados de la propia incompetencia y falta de dedicación con humoradas y verbenas.

Un fantasma recorre España: el del conformismo. Da la sensación de que España se ha quedado dormida en el sillón de su sala de estar, con la tele encendida y la estufa puesta. Como ya había conseguido lo que quería, o al menos habia cambiado algo con eso de los comicios y la Constitución, se olvidaron de que la revolución siempre está pendiente, que la libertad no es un estado absoluto que se alcanza y en el que se puede retozar alegremente. No hace falta leer a Aristóteles, ni siquiera a Trotsky, para saberlo. Pero, repito, qué se puede esperar de una muchedumbre que, por huir de la meritocracia y del trabajo, no la quiere ni en el régimen laboral ni en la casta política. La primera misión de una futura reforma educativa debe pasar de manera ineludible por explicar bien el pasaje bíblico de la maldición del sudor en la frente.

Es lamentable ver un anuncio como el de Campofrío y darte cuenta del catetismo que hay. No hay que caer en el desagradable extremo de Sabina, el de los puag y los pedos, para saber que a esta España hay que pegarle dos guantazos en la cara para que espabile, para que se dé cuenta de en la que está metida y mire alrededor. El carácter español no es cocinar para tres y que coman quince, ni el sentido del humor soez, ni estar más en un bar que en el trabajo. El carácter español, el que yo conozco y del que me siento orgulloso, es romperse la espalda desde las siete de la mañana, es sacar adelante una familia sin tiempo y sin dinero, es que te toque la moral cruzarte a primera hora con europeos que vienen aquí a emborracharse porque es la única imagen que les hemos ofrecido, es romperte los cuernos para montar una empresa de primera categoría con la que dar trabajo y estrellarte una y otra vez con la burocracia y con la envidia.

Lo llamativo de estos parásitos es que acaban siendo los más nacionalistas. Dejó dicho Ángel Ganivet en Los trabajos del infatigable creador Pío Cid que «lo primero en el hombre es la dignidad; si no se puede vivir dignamente en este pueblo, váyase a otro, y luego a otro si es preciso; y si no encuentran en ningún pueblo trabajo y respeto, que es a lo menos a que tiene derecho el hombre, les queda aún el recurso de emigrar a otros países». Esta cita, que no está incluida en la famosa (y vergonzosa) antología que de su obra hizo mi tio abuelo Luis Rosales -a pesar de hacer la antología nunca se leyó la novela…-, es exactamente la idea contraria a la que se extrae del anuncio de mortadela.

Hay algo muy nazi (disculpen mi argumentum ad nazium, pero me contagio del humor de Campofrío) en regodearse en la indignidad de vivir en un lugar determinado y argüir que, para colmo, eso es mejor que tener que ir a otro sitio. Si fuera así, si la muchedumbre se creyera ese absurdo planteamiento, España se convertirá en un campo yermo, frío e inhóspito para las próximas generaciones. España necesita un Ortega y Gasset que le pare los pies a estos pesimista encubiertos, a estos réprobos aplaudidores del pan y toros. Por fortuna, los malos nunca ganan del todo. Aunque lo parezca.

Volverá a reir la primavera

noviembre 2, 2013 § 2 comentarios

Vengo de estar con Albert Rivera y vengo impresionado. Era una charla política en un pequeño círculo, previo a la conferencia institucional que estará dando al tiempo que yo escribo estas líneas, a la que me he negado a asistir: demasiada gente. Populismo a espuertas, banalidades y aplauso fácil. No donde yo he estado, porque le hemos bombardeado a preguntas, algunas comprometedoras, de esas en las que esperas que salga corriendo y no que enfrente el toro de cara y con el capote por detrás.

Me disculparán si utilizo una figura muy mal vista. Me ha recordado a José Antonio, con la diferencia de que él no es hijo de. Es el hermano de todos nosotros, el de una generación que se ha criado con la Constitución de 1978, que no ha conocido otra cosa que esta particocracia, que incluso Suárez le pilla lejos. Una generación cuyo primer recuerdo político, en muchos casos, es el asesinato de Miguel Ángel. Un caladero de votos que ya no teme a los curas o a la URSS, sino a la corrupción política y económica. Que mira alrededor y no entiende por qué andan todos a garrotazos, si somos vecinos.

Han salido dos nombres propios en el párrafo anterior y quiero aclarar por qué, aunque Hemingway aconsejara aquello de no explicarse nunca. El de José Antonio, porque siempre me ha fascinado el trasfondo de su propuesta revolucionaria, mucho más allá del franquismo posterior y de la Primera Línea, que hizo a su partido merecedor del pseudónimo Funeraria Española. Hay un José Antonio transversal, aglutinador y estepario, que gracias a su belleza y a su oratoria hipnótica, a su fanatismo santo, lo convirtieron en un mito por encima del Movimiento y del Gobierno en el Exilio; un José Antonio hecho Redentor, que tanta estopa daba a unos como a otros, que sólo tenía una idea: el pueblo español. No España, no el pueblo; el pueblo español. Su solución podía ser mejor o peor -para mí, mala-, pero hay algo atractivo en una persona que queda prendada de Mussolini no porque sea guapetón, rico y le obedezca todo el pueblo, sino porque a las doce de la noche sólo se ve luz en una ventana… y es la del despacho del Duce, que está velando por su patria. Después cogieron esa idea y la aplicaron a la ventanita del Pardo. Bah.

El  José Antonio que me interesa es el que quería ocupar -sigo en esto las tesis de Fernando Márquez- el espacio que después ocupó Suárez. Y que ahora puede ocupar Albert.

Y Miguel Ángel. Aquel trece de julio hubo un primer intento de organización de la sociedad civil que logró, en medio de una lluvia violenta y salvaje, poner coto a la barbarie. Los ciudadanos, echados a la calle, persiguiendo a los colectivistas asesinos como no habían hecho en treinta años. Aquello sólo duró unos días, pero quedó una idea: no podemos seguir así. Miguel Ángel, con su martirio, consiguió poner de acuerdo a toda la sociedad para que no transigiera ni una sola vez más con esa tormenta de plomo. Algo cambió entonces. Aunque sólo fuera por la famosa y malograda Ley de Partidos. Un consenso, una idea transversal que es, al mismo tiempo, revolucionaria, porque se enfrenta al poder: vamos a derrotar a los malos, aunque para ello haya que quitar de arriba a los que manda.

Por las buenas o por las urnas. Es decir.

Juan (III)

agosto 15, 2013 § Deja un comentario

DonJuanIII

De los pretendientes carlistas, el más simpático fue Don Juan de Borbón y Braganza (1822-1887), hijo segundo del fundador de la dinastía carlista. Llegó al trono de los insurrectos por un error de su hermano Carlos (VI), que no sabía que él era liberal y, al ser apresado, lo colocó a la cabeza de la dinastía carlista. No pudo hacer nada (ni quería) porque su madrastra, hermana de su madre, implantó el matriarcado en la Familia Real. Ya le había quitado unos años antes los hijos que había tenido con Doña Beatriz de Austria-Este, de la que se había separado por meapilas y por pesada.

Cuando Carlos VI fue liberado y parecía que iba a quitarle de encima el marrón, va su hermano y se muere, quedando él como legítimo. Por suerte, su madrastra María Teresa de Braganza se saltó a la torera los protocolos y proclamó rey, por su cuenta y riesgo, al hijo de Juan, Carlos (VII) María de Borbón y Austria-Este. A él le pareció muy bien, pero como algunos fanáticos seguían considerándolo rey, tuvo que salir en 1868 a grito pelado renunciando a sus derechos.

Por fin pudo dedicarse a lo que quería: retirarse a Brighton a mirar las olas. Renunció hasta a sus pomposos apellidos, allí era John Montagu. Pero al idiota de su hijo le dio en 1872 por montar la Tercera Guerra Carlista y, por no dejarlo solo, se puso con él en la retaguardia a hacer de Ingeniero General. Al terminar la guerra parecía que estaba ya todo resuelto, que a su familia no le daría más por jugar a ser reyes y que lo dejarían en paz. Pero en 1883 llegaron unos franceses a proclamarlo rey de Francia. Le dieron tal disgusto de pensar que otra vez tenía que pasearse con cientos de medallas en la pechera que murió de asco y pena a los 65 años. Ni ahí lo dejaron tranquilo: trasladaron sus restos de Brighton a Trieste, al panteón familra en la Catedral de San Carlos.

Tuvo suerte. Por cosa de días, su madre María Francisca no fue reina de Portugal, así que este liberal solitario y amante de la fotografía habría sido Juan III de España, Francia y Navarra, y VII de Portugal.

Día de la Patria

julio 25, 2013 § Deja un comentario

«¡Cuídate, España, de tu propia España!
…¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!».

(César Vallejo)

santiago daaali

Esplashña

junio 1, 2013 § Deja un comentario

«La gente no es más lista ni más tonta que en otro país ni en otro tiempo, simplemente si les das mierda consumen mierda y si les das cosas buenas te aseguro que consumen cosas buenas».

DIXIE TOWN

España toxicómana. Esto no podría pasar, porque igual que la piedra gana a las tijeras, la cocaína gana al hachís:

Un país tan deshecho. Sucio. De ruinas. Sólo grande cuando entra en delirio colectivo, cuando la paranoia llueve sobre la mugre.

No tenemos César Carlos ni Lope de Aguirre ni Francisco Quevedo ni Papa Borgia. Las drogas son tan malas que ni siquiera podemos esperar un arranque de divertida locura general, sólo atontan y adormecen.

«¡Y sin embargo los experimentos deben continuar!»

ALLEN GINSBERG

Cabezas vascas

mayo 29, 2013 § Deja un comentario

Es mucho más difícil entender a Maeztu y a Unamuno que enardecerse en un partido de fútbol, y probablemente los señores Maeztu y Unamuno son las mejores cabezas vascas, mientras no pocos predicadores del Estatuto forman un respetabilísimo equipo de futbolistas.

José Antonio, discurso en el Parlamento

(28 de febrero de 1934).

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