A Coraima, que tiene los ojos de Natalie Dormer

agosto 23, 2012 § Deja un comentario

«Que la blancura de los huesos ofrezca
expiación para el olvido» (T. S. Eliot)

El autobús traqueteaba por una calle a medio asfaltar. Yo, de pie pero queriendo emular al anciano que se mantiene impávido en su silla con una copa de vino mientras se hunde el Titanic, mantenía una mano en un bolsillo y con la otra sostenía  ¿Conoce usted los efectos del abuso del alcohol y de las drogas blandas?, que iba leyendo. Como es lógico, al primer bote un poco brusco me caí hacia delante, el libro fue al suelo y pegué un par de zapatazos.

-¡Ciudao! ¡Si es que no se pué ir leyendo, tienes que agarrarte a algo! -la profundidad sibilina y hechizante de sus ojos me enmudeció por unos instantes, apenas balbuceé un «ya, gracias» mientras ella recogía el librillo-. ¿Es que estás enganchao a algo? -preguntó mirando con interés la portada.

Se me escapó una sonrisa y tras la negativa vino una absurda explicación de por qué me interesaba, que sirvió para hablar de banalidades hasta que llegamos a su parada. Aquel encuentro -absolutamente keynesiano, la calle estaba levantada por el Plan E- me dejó un buen sabor de boca pero una inquietud sobre qué hacía yo con ese libro.

No exactamente por su lectura -se trata de un folletín escandalizado y de una bondad científica-, sino por las ideas que a uno le están bailando en la cabeza cuando decide que esa puede ser una lectura provechosa: la combinación de algo sobre la trasmutación newtoniana del grecoeterno corpore sano en un culto intrascendente al mantenimiento del cuerpo (tal y como es alumbrado en el nacimiento) mediante el bálsamo corrupto de la inacción y la asepsia, con el convencimiento de que los gimnasios están llenos de «despreciadores del cuerpo».

Tiempo (Afrontemos el caos, II)

febrero 19, 2012 § Deja un comentario

«If you make a revolution, make it for fun».
D. H. Lawrence

Decía Leonardo Castellani, sacerdote argentino reintroducido en España por Juan Manuel de Prada y aplaudido hasta la extenuación y el sangrar de manos por la derecha conservadora, que «el hombre es un esencial buscador de cadenas», hasta el punto de que «donde quiera que el hombre puede encontrar una cadena que lo libere de su esencial cambiabilidad y contingencia y que lo ate a un algo permanente, como un náufrago a un mástil, allí se siente feliz y noble» . A mí me parece una tontería inmensa y, lo que ello representa, un crimen contra la vida. « Leer el resto de esta entrada »

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