Alchimia del dolore

junio 23, 2013 § 1 comentario

«El estar en contra de la humanidad parece como que es instintivo en todos los descendientes de Ismael, y, particularmente, en esta rama quijotesca, cuyos caballeros andantes o reformadores a caballo han sido no pocas veces ladrones disfrazados» (Richard Ford, Las cosas de España, p. 211).

Roberto Ferri – Alchimia del dolore

Roberto Ferri – Alchimia del dolore

La autorepresión en busca de la eficiencia social provoca neurosis. Para los inadaptados queda reservada la tortura.

Y, al cabo de tiempo, la esquizofrenia. El trabajador, en el sentido caleidoscópico que le dio Jünger, queda arrollado por una civilización que tiene prisa. Si, además, ese trabajador lo es por cuenta propia, quiere decir que sirve de engranaje para las masas tectónicas que forman la sociedad; y ya su trabajo no sólo tiene que ser constante, también tiene que ser intenso. Entonces, pocas fuerzas le quedan a la persona para ser otra cosa que un ciudadano.

Memoria digital

mayo 24, 2012 § Deja un comentario

Publicado en El Manifiesto.

A principios de mayo pasé un fin de semana en un pueblo de la comarca de Alhama, entre Granada y Málaga. Tierra de luces y de sombras en la que aún se oyen ecos moriscos y en la que la gente -excepto por los típicos negocios: el bar, el súper y el ciber- todavía vive del campo. Población agricultora y, muy a menudo porque hay cosas que no son rentables por más que se empeñen los primitivistas, subvencionada. Pero buenas personas. España machadiana, la «vieja y tahúr, zaragatera y triste». Allí todos son familia y cuando llega algún extraño, como lo éramos mi compañero de viaje y yo, no falta un «y tú ¿de quién eres?». Fórmula universal de los lugareños pacíficos para asegurarse de que aunque llegue algún forastero todo seguirá igual, en esa serenidad rústica que los urbanitas han (hemos) olvidado.

Dice el imprescindible Escohotado, a propósito de Jünger, que «las culturas son casi siempre funerarias, en el sentido de que las personas sólo se hacen respetables al alcanzar un estatuto cadavérico». Me acordé de esas palabras mientras entrábamos en la casa de mi amigo, casa con portón de llave grande, muros anchos encalados y un alma fría que no dejaba pasar el tiempo. Llevaba tres años cerrada y allí habían vivido sus abuelos, así que todo eran trastos, fotografías y documentos antiguos. Recuerdos que permiten volver a la infancia y reconstruir la vida propia con el follaje del árbol genealógico. No hay mejor terapia, lo demuestra Jodorowsky.

Enseguida me dí cuenta de la importancia de lo que estábamos viviendo. Aquella era una de las últimas veces en las que íbamos a sumergirnos en la vida de alguien sin necesidad de exhumar su ordenador o su móvil. Cuando los indios caduveos mataron a Guido Boggiani en 1902 porque pensaban que su cámara les robaba el alma, no se equivocaban mucho. Pero al verlas en una pantalla de ordenador, ¿qué queda? Unos píxeles bien distribuidos no pueden consolar a nadie. Hay algo mágico en las fotografías en papel que da una presencia casi real a sus protagonistas.

Nuestra civilización está decidida a ser digital. Los álbumes fotográficos, las listas de amigos, las citas del médico, los apuntes de clase, las películas, los libros, los periódicos, la correspondencia,… Todo, todo, todo y más. Y no está mal, si lo virtual no deja de ser un instrumento, una herramienta que ayude y facilite las cosas. Pero nos hemos deslumbrado con los ordenadores y hemos volcado nuestra existencia en ellos, hemos dejado atrás el cuerpo y no hemos rematerializado en píxeles y bits. No hay manuscritos, no imprimimos las fotos, los diarios se escriben a golpe de tweet, algunos libros ni siquiera llegan a editarse en papel. Y sin embargo… desengañaos, Facebook no será el reich de los mil años.

Tras unos días adecentando la casa, encontrando nuevas reliquias y divagando sobre historias y significados, me fui con la certeza de que cuando nuestra generación se extinga los únicos legajos y fotografías que dejemos estarán en formatos no reconocidos por los sistemas operativos del momento (los historiadores del futuro serán informáticos expertos en bucear en Twitter, Facebook, Instagram, Tumblr,…); y con una pregunta, ¿qué ocurriría si llegara un apagón digital?

Nos quedaríamos sin memoria. Y sin memoria no hay libertad.

Tiempo (Afrontemos el caos, II)

febrero 19, 2012 § Deja un comentario

«If you make a revolution, make it for fun».
D. H. Lawrence

Decía Leonardo Castellani, sacerdote argentino reintroducido en España por Juan Manuel de Prada y aplaudido hasta la extenuación y el sangrar de manos por la derecha conservadora, que «el hombre es un esencial buscador de cadenas», hasta el punto de que «donde quiera que el hombre puede encontrar una cadena que lo libere de su esencial cambiabilidad y contingencia y que lo ate a un algo permanente, como un náufrago a un mástil, allí se siente feliz y noble» . A mí me parece una tontería inmensa y, lo que ello representa, un crimen contra la vida. « Leer el resto de esta entrada »

Afrontemos el caos (I) Prolegómeno

febrero 16, 2012 § Deja un comentario

«Deberíamos ser hombres primero y ciudadanos después».
Thoreau

Voy a proponer algo que espero que vaya tomando cuerpo conforme avance la serie de artículos que ahora empiezo: la libertad de las personas. Sé que es algo al mismo tiempo utópico, delirante e imposible, en tanto que la libertad no es un estado del alma y ni mucho menos del cuerpo, sino un proceso y un modus vivendi. Por eso lo que haré será exponer una serie de técnicas por las cuales ejercer la libertad. Y lo haré atendiendo a la cotidianeidad de la que debe nutrirse toda lucha, huyendo de exigencias más propias de iluminados y sacerdotes guerreros. Somos individuos que quieren vivir sus vidas como les plazca. Como decía Ayn Rand a través de Kira en Los que vivimos, «yo no quiero luchar por el pueblo ni quiero luchar contra el pueblo. Quiero que me dejen sola… vivir». « Leer el resto de esta entrada »

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