El anarquismo es igualado por muchos de sus detractores con el «pasotismo»

julio 28, 2012 § Deja un comentario

El anarquismo es igualado por muchos de sus detractores con el «pasotismo» y el abandono de las responsabilidades individuales, cuando lo cierto es que en un sistema auténticamente anarquista nadie podría decir «yo me lavo las manos»; si algo exige una anarquía es la participación directa de todos y cada uno de los individuos que conforman la sociedad, sólo que en su propio nombre, y en el de nadie más. El llamado sistema democrático, sin embargo, se basa en todo lo contrario: la delegación, esa farsa en virtud de la cual los ciudadanos acceden a abdicar de su libertad personal a cambio de «tener la fiesta en paz». En último término, ser anarquista no significa otra cosa que poner en práctica la capacidad potencial de todo ser humano de pensar y actuar por sí mismo, algo que el ciudadano medio, que se rige por la ley del mínimo esfuerzo, no estaría dispuesto a hacer aunque pudiera. Y es esta última circunstancia la que han aprovechado históricamente los poderes políticos y económicos para perpetuarse, sustentados en un círculo vicioso de sofismas y medias verdades que gira en torno a la perniciosa entelequia del «bien común».

[Roger Wolfe, Escrito con la lengua, 340.]

Cien días [Dragó] Y excusa

abril 2, 2012 § 1 comentario

TERMINA la moratoria que la educación exige. Yo siempre la respeto. Otros, no. ¿Dónde cursarían sus estudios Mendaz y Tóxico? Pero dejemos eso, que la juerga general (vi una pintada que decía: ¡Vuelva, General!) ya pasó. Le felicito, señor Rajoy. Happy birthday to you. Por fin tenemos un Gobierno que gobierna, y eso, después de tanto pasteleo, es ya mucho. Un Gobierno que dice la verdad, por más que duela. Un Gobierno que sin ser progresista es de progreso. Un Gobierno sin los maricomplejines que algunos, a priori, le atribuíamos. Me equivoqué, lo confieso. Agradable sorpresa, don Mariano. Bien me está. Un gallego nunca deja de serlo. Creíamos, o creía yo, que usted bajaba la escalera y resulta que la subía. ¿Le bailo el agua? Eso dirán quienes ahora, todavía incrédulos, regurgitan su derrota. Pues sí, se la bailo, porque es su día de fiesta, pero no se fíe. Si invierte el sentido de la marcha y desciende por la escalera, volveré a las andadas. Bien hecho está lo que hasta ahora ha hecho, pero casi todo está por hacer. La reforma laboral se queda corta y los recortes saben a poco. No negocie. Gobierne. No dialogue. Legisle. No discuta. Decrete. No temple gaitas, por muy gallego que ese instrumento sea. Fraga no lo hacía, aunque las convocaba. Ejerza la autoridad que las urnas le han conferido. Estamos hartos de corrección política. Reduzca en un cincuenta por ciento el leviatán del Estado. Clausure las televisiones públicas, aunque al pedirlo esté yo escupiendo al cielo. Privatícelo todo. Cierre embajadas. Despida a los asesores. Aplique el copago en la sanidad. Reorganice la educación según el mérito demostrado por quien accede a ella. Rebaje los impuestos directos y aumente los indirectos (en eso yerra. Hay que gravar las cosas, no a las personas). No financie partidos ni sindicatos. Elimine las ayudas al desarrollo. Penalice a los delincuentes y derogue el sistema garantista. Declare los toros patrimonio cultural. Retire la cobertura del paro a quienes rechazan un empleo. Admita el despido libre. Recupere las competencias de educación y justicia. Licencie el ejército. Reforme la Constitución. Meta en cintura las Autonomías. Ya dije que casi todo está por hacer. Si usted no lo hace, la fuerza de las cosas lo hará, y todo será más lento, duro y difícil. Tiene cuatro años menos cien días por delante. Aprovéchelos y entrará en la historia de España. De España, digo… Sin ir más lejos.

[Fernando Sánchez Dragó en El Mundo, El lobo feroz (2.IV.2012).]

[Excusa. En las últimas semanas, bajo la etiqueta Sánchez Dragó, estoy publicando todo lo que el autor de tales apellidos publica en su columna semanal (El Mundo) y lo intentaré también con lo que publique en otros medios de papel. Lo hago ante el abandono al que está sometida su página güeb y porque sé que, al menos a unos pocos, le interesa.]

Viva la Pepa. Doscientos años de una oportunidad perdida

marzo 19, 2012 § Deja un comentario

La Constitución española de 1812 es el hito político más importante en el corral patrio desde la culminación de la Reconquista el 2 de enero de 1492. Ahora se cumplen doscientos años y casi no hemos avanzado nada. Allí estaban, representadas por las Juntas populares surgidas para suplir el poder desertor de los Borbones, las dos, las tres o las mil Españas. Lo admirable e irrepetible es que se pusieron de acuerdo.

Art. 2. La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.

Es como si hoy dijéramos «…ni puede ser patrimonio de ningún partido, empresa o sindicato». Eh. No fue fácil. Estaban en una ciudad sitiada por el enemigo francés y ocupada por el amigo inglés. El pueblo vivía en tensión. No coreaban eso de «que no, que no, que no nos representan…», aunque se perdieron privilegios importantes para algunas regiones.

Art. 339. Las contribuciones se repartirán entre todos los españoles con proporción a sus facultades, sin excepción ni privilegio alguno.

Es decir, que los fueros había que relegarlos a los anticuarios. Que ya estaba bien. Es como si hoy dijéramos «…sin excepción ni privilegio ni régimen foral ni pacto fiscal alguno». Vaya, que vengan de los unionistas (Navarra) o de los separatistas (Cataluña) o de la isla de los Faisanes, los chantajes se han acabado y aquí apoquinan todos por igual. Que para eso abolimos la esclavitud.

Ni siquiera las instituciones más sagradas conservarían sus privilegios. Se abolió la Santa Inquisición (que debió desaparecer -previa ejecución del cardenal Cisneros- tras la quema de libros de la Madraza de Granada en 1502), se suprimieron los diezmos (pero cada sesión del constituyente se abría con una Santa Misa), se puso fin a los gremios (¡libertad para trabajar!), desaparecieron los señoríos jurisdiccionales y los mayorazgos,… Y, para mí lo más importante, se dio libertad de imprenta.

Art. 371. Todos los españoles tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia, revisión o aprobación alguna anterior a la publicación, bajo las restricciones y responsabilidad que establezcan las leyes.

Todo encuadrado en una restricción de las prerrogativas de Su Majestad Católica. El artículo 172 es, en este sentido, una de las lecturas más deliciosas por todo lo que representa. La Constitución, ya prolija en todo su articulado, alcanza en éste cotas de minuciosidad que hacen las delicias de cualquiera que sea republicano. Sufre, Borbón, sufre, piensa uno a cada nuevo apartado.

Art. 172. Las restricciones de la autoridad del Rey son las siguientes: Primera. No puede el Rey impedir bajo ningún pretexto la celebración de las Cortes en las épocas y casos señalados por la Constitución, ni suspenderías ni disolverlas, ni en manera alguna embarazar sus sesiones y deliberaciones. Los que le aconsejasen o auxiliasen en cualquiera tentativa para estos actos, son declarados traidores, y serán perseguidos como tales. Segunda. No puede el Rey ausentarse del reino sin consentimiento de las Cortes; y silo hiciere se entiende que ha abdicado la corona. Tercera. No puede el Rey enajenar, ceder, renunciar o en cualquiera manera traspasar a otro la autoridad real, ni alguna de sus prerrogativas. Si por cualquiera causa quisiere abdicar el trono en el inmediato sucesor, no lo podrá hacer sin el consentimiento de las Cortes. Cuarta. No puede el Rey enajenar, ceder o permutar provincia, ciudad, villa o lugar, ni parte alguna, por pequeña que sea, del territorio español. Quinta. No puede el Rey hacer alianza ofensiva, ni tratado especial de comercio con ninguna potencia extranjera sin el consentimiento de las Cortes. Sexta. No puede tampoco obligarse por ningún tratado a dar subsidios a ninguna potencia extranjera sin el consentimiento de las Cortes. Séptima No puede el Rey ceder ni enajenar los bienes nacionales sin consentimiento de las Cortes. Octava. No puede el Rey imponer por sí directa ni indirectamente contribuciones, ni hacer pedidos bajo cualquier nombre o para cualquiera objeto que sea, sino que siempre los han de decretar las Cortes. Novena. No puede el Rey conceder privilegio exclusivo a persona ni corporación alguna. Décima. No puede el Rey tomar la propiedad de ningún particular ni corporación, ni turbarle en la posesión, uso y aprovechamiento de ella; y si en algún caso fuere necesario para un objeto de conocida utilidad común tomar la propiedad de un particular, no lo podrá hacer, sin que al mismo tiempo sea indemnizado, y se le dé el buen cambio a bien vista de hombres buenos. Undécima. No puede el Rey privar a ningún individuo de su libertad, ni imponerle por sí pena alguna. El secretario del Despacho que firme la orden, y el juez que la ejecute, serán responsables a la Nación, y castigados como reos de atentado contra la libertad individual. Sólo en el caso de que el bien y seguridad del Estado exijan el arresto de alguna persona, podrá el Rey expedir órdenes al efecto; pero con la condición de que dentro de cuarenta y ocho horas deberá hacerla entregar a disposición del tribunal o juez competente. Duodécima. El Rey antes de contraer matrimonio dará parte a las Cortes para obtener su consentimiento; y si no lo hiciere, entiéndase que abdica la corona.

Se ha inscrito la Constitución de 1812 en la historia de España como la del gran triunfo del liberalismo. Y es cierto, pero no lo es menos que fue un ejemplo de moderación y consenso entre los diputados; fue demasiado conservadora, pero era necesario. No sirvió de nada porque pronto los serviles reclamaron al cabrón del Deseado gritando aquello de «vivan las caenas». Bueno, no lo gritaban, pero casi. Son los mismos que hoy defienden el Estado del Bienestar. Después tendrán que tragarse al Rey Felón o una subida de impuestos o un recorte de las pensiones. Lo de siempre.

La Pepa no estuvo vigente, de facto, ni un puto día. Al promulgarla, lo importante era pegarle mamporrazos a los gabachos. Luego entró Fernando VII, que además de poner en venta la Nación en Bayona, abolió el texto y persiguió a sus partidarios. Y las dos veces que volvió a estar vigente (trienio liberal y 1836) no tuvo tiempo de implantarse. Si no hubiese sido así, si se hubiera aplicado desde un primer momento y el vendepatrias con toisón no hubiese traicionado a un pueblo que le había sido fiel, hoy seríamos una muy otra cosa. Por ejemplo, los procesos de emancipación de las provincias de ultramar habrían sido diferentes, porque habrían pasado a ser iguales de verdad, y no iguales pero bajo potestad del Rey, a cuya hacienda personal pasaban las rentas de esos territorios.

Art.10. El territorio español comprende en la Península con sus posesiones e islas adyacentes, Aragón, Asturias, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva, Cataluña, Córdoba, Extremadura, Galicia, Granada, Jaén, León, Molina, Murcia, Navarra, Provincias Vascongadas, Sevilla y Valencia, las islas Baleares y las Canarias con las demás posesiones de Africa. En la América septentrional, Nueva España, con la Nueva Galicia y península del Yucatán, Guatemala, provincias internas de Occidente, isla de Cuba, con las dos Floridas, la parte española de Santo Domingo, y la isla de Puerto Rico, con las demás adyacentes a éstas y el Continente en uno y otro mar. En la América meridional, la Nueva Granada, Venezuela, el Perú, Chile, provincias del Río de la Plata, y todas las islas adyacentes en el mar Pacífico y en el Atlántico. En el Asia, las islas Filipinas y las que dependen de su gobierno.

(Debo destacar una cosa. No se cita, como no se citó en ningún sitio hasta la aparición de Javier de Burgos, la región de Andalucía. Porque no existía. Si lo hacían, en cambio, las regiones o reinos de Córdoba, Granada, Jaén y Sevilla.)

Quizá España conservaría alguno de sus territorios en los otros continentes, que aunque hoy estarían emancipadas lo habrían hecho de otra forma menos costosa e hiriente. Y desde luego no habríamos tenido tres guerras civiles en el siglo XIX, que no habrían desembocado en otra crudelísima en 1936 y… Política ficción que de nada sirve. Pero perdimos una oportunidad que Francia y los USA sí aprovecharon. Así les va. Y así nos va.

En cualquier caso, viva España, viva la libertad, abajo las caenas y muerte al invasor.

Vale.

***

EXTRAS:

Texto de la Constitución de 1812.

Episodios nacionales. Cádiz. Benito Pérez Galdós.

Cádiz 2012.

Especial en El Mundo.

Especial en Libertad Digital con artículos de García de Cortázar, Andrés Amorós, Amando de Miguel, José Raga y etcétera.

Especial en Cervantes Virtual.

Debates en libertad. La importancia de La Pepa.

Cartas de Juan Sintierra.De José María Blanco White.

Y el capítulo «Fernando VII: Tigrekán I» del libro Los nuestros, de Jiménez Losantos. He tenido que recuperarlo del caché de una güeb perdida.

Por qué digo Iberia cuando quiero decir España

enero 11, 2011 § Deja un comentario

«España se hunde bajo el peso de sus propios excrementos».
Fernando Sánchez Dragó
Y si habla mal de España… es español

1

Hace tiempo, cuando fundamos y dirigimos el boletín de metapolítica Vértice Europeo, nos atrevimos a definir la realidad «España» como una «patria plurinacional». En concreto, nos referíamos a ella entendiéndola como «patria hispánica» (1). Han pasado tres años de aquellas palabras, que nos valieron el enfrentamiento con toda la cabila españolista, y es la hora de dejar de lado los significados, que creemos claros y asumibles, y pasar al significante. Es decir, a lo que unos llaman España y nosotros proponemos como Iberia.

Como dijimos en su momento, por establecer algún presupuesto, usamos la definición que Ortega y Gasset, con palabras concluyentes, le dio a patria: «proyecto sugestivo de vida en común». No se trata de ningún presente, no es la conjugación nominal de ninguna realidad social o política: es una propuesta integral de futuro (2).

2

Entendemos que España existe hoy. Pero, precisamente, esa misma existencia del significado España nos parece preocupante, por cuanto que no responde al significado tradicional. Hoy es un proyecto caduco, borbónico, desviado, excesivamente identificado con Castilla y confundido con la historia reciente. Es una miseria que quisieron liquidar precipitadamente, con razones y sin éxito, los literatos noventayochistas. Baroja, Unamuno, Maeztu, Azorín, Ganivet y hasta Valle-Inclán pretendieron dar, doloridos, un tiro de gracia que se les desvió. Y han pasado cien años.

No nos arrugamos al decir que en el siglo XX, España era el aglutinante real de un pueblo. Hoy es su dispersor. Lo que fue Hispania, Al-Ándalus y las Españas es hoy una amalgama de frustraciones culturales y despropósitos políticos. Al igual que Hispania agonizaba en el siglo VIII por «la degeneración moral de los godos», Al-Ándalus en el siglo XII por los terroristas almohades y las Españas en el siglo XVIII (y aún en el XIX) por la llegada de una dinastía funesta, España se muere en el siglo XXI por un régimen ridículamente inútil para alcanzar los fines que le son propios.

Lo resaltable de esta etapa es que se funda sobre una derrota: la del carlismo. Porque precisamente, como proyecto político, viene de tres Guerras Civiles decimonónicas cuyos bandos fueron los mismos. Las dos Españas, si se quiere. Nosotros apostamos por otra identificación: España contra las Españas (3). No es hora de reivindicar las glorias carlistas, pero creemos que las sucesivas victorias en las tres pugnas lo fueron del liberalismo. Hasta podemos entender que la lucha llega al siglo XX, incluyendo la guerra de 1936 como parte de ella, donde pudiera parecer, falsamente, que ganaban los carlistas. Lo dijo S. A. R. don Carlos Hugo, heredero de una de las actuales facciones: «los carlistas quedaron como vencidos en el campo del vencedor» (4). Y sólo así entendemos que España (entendida como último escalón subido por los iberos) llegase a todo lo que podía llegar a ser con la apoteosis de ese régimen, encarnada por la tecnocracia de su última década. Los destellos del proto-franquismo (época azul mahón) fueron fuegos fatuos que iluminaron por un segundo e hicieron creer a toda una generación que seguían la estrella de la mañana; un engaño, porque el fin de España estaba ya escrito.

Pero no nos desviemos. Hemos dicho que España fue una bandera legítima y no nos retractamos, a pesar de las filias con determinados movimientos históricos. Aunque es cierto que, tras la derrota del carlismo, lo que era hasta ese momento una lucha por la libertad (liberales eran los unos, serviles los otros), derivó en un ensañamiento sobre el cadáver de la tradición. España nacía muerta. Fue perdiendo fuerza como proyecto y hoy es, a duras penas y si los microestados autonómicos no lo remedian, una sumatoria económica.

Aquel patriotismo de principios del XX (Primo de Rivera, CEDA, Legión Española) era sólo nacionalista. Al regionalismo más o menos secesionista de unos, reaccionaron estos otros dando los mismos brincos, terminando todo en un baile grotesco. O fue al revés. Pero la confusión de la patria con la nación fue lamentable. Entonces llegaron los internacionalistas, otra barrabasada ideológica, que pretendían liquidar el proyecto España en pro de universalismos utópicos. Cuarenta años, necesarios, para contrarrestar aquél cáncer.

Y la consecuencia, la desaparición de España-patria por culpa de esa reacción. Clave es el libro España, sin problema (1949, v. nota 5), donde se da la estocada intelectual que necesitaba la derecha para seguir adelante. Lo que no lograron los del 98 lo hacen estos.

Han pasado varias décadas y lo español, avanzado el siglo XXI, es lo propio del castellano y nada más. Cosa que, como ustedes comprenderán, es inaceptable para los no castellanos con un mínimo sentido de la identidad. Si hasta 1950 lo propio de los amantes de la tierra era defender España, hoy eso sería traicionar el ideal primero.

Resumen de la historia moral de España: en 1845 se funda la Guardia Civil; en 1986, Luis Roldán da su dirección, por primera vez, a un civil; a lo largo de la primera década del siglo XX se plantea la desnaturalización militar del Instituto Armado, cosa que de momento no se ha logrado, pero que no tardará en llegar.

«Viva España, viva el Rey, viva el Orden y la Ley». Positivistas. Ahí está la esencia de España, si tal cosa -la esencia- existe.

Mirad: Joaquín Costa, que es referencia nuestra, vio con audacia el problema de aquellas Españas que morían del todo. «Y yo le echaba doble llave al sepulcro del Cid para que no volviese a cabalgar» (6). Pues sí, también hoy, al del duque de Ahumada, habría que echarle el cerrojo.

3

Terminada la hora de los nacionalismos, que sirvieron en su momento para luchar contra la técnica desarraigante, hay que buscar nuevas plataformas de defensa de la realidad comunitaria, la patria hispánica. España, como se ha dicho, ya no sirve.

Hay varios parámetros por los que guiarnos para la consecución de un nuevo proyecto: político, económico, cultural, racial, lingüístico, histórico, geográfico,… Sabemos que el nombre es arquetipo de la cosa, y con él se nos va la mitad de la carga ideológica. En esas, apostamos por Iberia como el significante que buscamos. Está alejado del lastre nacionalista, no tiene vínculos con la historia política y queda abierto a Iberoamérica, Europa y África Norte.

Iberia: sólo así estaremos dispuestos a unirnos a los castellanos, a los leoneses, a los lisboneses, a los cordobeses, a los algarveños, a los aragoneses, etcétera. Es la única manera de superar las rencillas que siglo y medio de barbarie política ha provocado en las huestes hispánicas. El tufillo jacobino que tiene desde el inicio el nombre España nos es insoportable. Hubiésemos preferido las Españas, pero es cosa irrecuperable.

Iberia, cantonalista. Iberia, federal. Iberia, municipalista.

En los tiempos del capitalismo post-estatal, los trust, los holding, los think tank y el imperio de lo privado (7), hay que deshacerse de las cosas políticas (de la res publica como directora/dictadora de la vida económica común), porque ya no son ni necesarias ni útiles como medio de defensa. Y si no tiene funciones, no tiene sentido sostener el Estado. Podemos volver, con serenidad fraternal, a los municipios. El mundo globalizado no entiende de fronteras, pero tiene que entender, por fuerza, de 1) núcleos de población y de 2) bloques geopolíticos, etnográficos y socioculturales. Eso es Iberia, un pueblo racialmente uniforme, con identidad común y válida como ente geopolíticamente estratégico.

Para la defensa de las cosas comunes, hay pactos y alianzas temporales y específicas que ligan a los núcleos de manera más eficiente que la abstracta administración colectiva.

Por eso digo Iberia cuando quiero decir España: porque España es algo que debe ser superado.

***

Apéndice: ¿Por qué no digo Europa?

Porque nadie sabe qué es. Y desde luego, Iberia es la menos indicada para recomenzar un camino que nunca ha transitado. Ni con Carlomagno, ni con Napoleón, ni con Hitler; con Carlos I no hubo integración y la Europa de Maastricht es tanto una reunión de subvencionados y patrocinadores que no merece la pena considerarla.

De eso, que hablen francos y germanos. A los rusos de las Rusias, a los británicos de las Británicas y a los españoles de las Españas, que nos dejen en paz.

Europa como utopía: así nos gusta. Mientras tanto, arriba Iberia.

_____________________________________

(1) Luis Erráiz, La Patria hispánica, blog Patria y Resurgir, 2007.
Disponible en: http://patriayresurgir.wordpress.com/2007/12/01/la-patria-hispanica/

(2) Y consideramos lo integral, aproximadamente -y valga como ejemplo de reciente cuña-, en la línea en la que el documento Transforma España, presentado por la Fundación Everis y firmado por los mayores capitalistas del reino, entiende que debe ser concebida la ciudadanía: «la separación actual entre Ciudadano-depositario-de-valores, Ciudadano-elector, Ciudadano-consumidor, Ciudadano-financiador y Ciudadano-productor, debe dar paso a un nuevo paradigma de Ciudadano-integral como fusión fértil y dinámica de los cinco roles anteriores».
No lo compartimos, pero está disponible en:
http://www.fundacioneveris.es/Images/Transforma%20Espa%C3%B1a%20Fundaci%C3%B3n%20everis_tcm32-71088.pdf

(3) Precisamente, en el importante libro Qué es el carlismo, de Elías de Tejada, Gambra y Puy Muñoz, se dice en el capítulo primero que sus «tres bases doctrinales» son: «a) Una bandera dinástica: la de la legitimidad. b) Una continuidad histórica: la de Las Españas. c) Y una doctrina jurídico-política: la tradicionalista». Escriben desde 1971 y no cabe confusión: el carlismo era las Españas.

(4) Declaraciones de Carlos Hugo de Borbón al diario El País, aparecidas en el periódico el 28 de enero de 1978.
Disponible en:
http://www.elpais.com/articulo/espana/BORBON-PARMA/_CARLOS_HUGO_DE/ESPANA/PARTIDO_CARLISTA/carlistas/quedaron/vencidos/campo/vencedor/elpepiesp/19780128elpepinac_6/Tes

(6) Rafael Calvo Serer, España, sin problema, ed. Rialp (Madrid 1949).

(6) Joaquín Costa, Crisis política de España. Edición digital (Madrid, 1914).

(7) Hay quien no es consciente del grave problema que se está creando con las últimas privatizaciones (telecomunicaciones, aeropuertos, sanidad, loterías, energía,… Ya llegarán, como ha llegado en otros sitios, la educación y la seguridad). La consecuencia es inevitable, y quizá estoy diciendo lo más importante del artículo en este pie de página: están desmontando el Estado y dejándolo en manos de las empresas. Que, como todos intuimos y a veces sabemos, pertenecen a una misma masa de capital u organización de capitales, cuando hay distintas manos. No será soberano el pueblo, porque el Estado no tendrá funciones que administrar, sino el cliente, en tanto que da fuerza a la empresa que suministra bienes y servicios.
Ante este panorama, lo que proponemos cobra fuerza. El Estado ya no es nada (o no lo será en veinte o treinta años) y cuanto antes nos desembaracemos de los mitos que lo sustentan, antes nos construiremos las nuevas murallas de la resistencia. Vuelta a la identidad primaria, tal es la consigna, para volver a una economía que se base en las células mínimas de convivencia. Es decir, la pareja o la familia.
Y sólo así tendremos municipios fuertes, que es algo que reclamaron los «regeneracionistas» del 98, como el ya citado Costa, y que tras un siglo sigue sin realizarse.
Vale.

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