Que por mayo era, por mayo [Dragó en El Mundo]

mayo 14, 2012 § Deja un comentario

El 22 de marzo de 1968 se organizó una ceremonia en el campus de Nanterre para inaugurar una piscina financiada por el Gobierno. Cohn-Bendit gritó en el transcurso del acto: «¡Métansela donde les quepa! Lo que queremos es hacer el amor». A renglón seguido pidió que los alumnos tuvieran libre acceso a los dormitorios de las chicas. Ese fue el anecdótico detonante de lo que poco después llamarían Segunda Revolución Francesa. Aquel judío alemán nacido en Francia fue deportado al país de sus progenitores. Georges Marchais, líder del Partido Comunista, arremetió contra los estudiantes burgueses (sic) y se burló de Danny el Rojo llamándolo niño mimado. Una riada de estudiantes anegó Boul’Mich’ al grito de «¡Todos somos judíos alemanes!». La revuelta se dirigía contra los políticos y el sistema educativo. No querían exámenes. La mecha prendió en toda Francia. Cinco millones de enfants de la patrie se sumaron a la mascletá. Los trabajadores ocuparon las fábricas en demanda de autogestión. El desbarajuste fue en crescendo. Sartre, Simone de Beauvoir y otros mandarines del Café de Flore firmaron una proclama de ayuda a los revoltosos. Le Monde la publicó. El 8 de mayo los estudiantes salieron otra vez a las calles de París y se pusieron a levantar los adoquines para tirárselos a las fuerzas del orden y averiguar si bajo ellos había playas de Ipanema con garotas en biquini. Diez millones de obreros se declararon en huelga. De Gaulle pidió al general Massu que sacase la tropa y, ante la negativa del parachutista, negoció con los sindicatos. La revuelta llegó a su fin. El presidente, más chulo que el Pichi, convocó un referéndum por nadie solicitado, lo perdió, dimitió y regresó a Colombey-les-deux-Églises. Su delfín, Pompidou, barrió en las elecciones generales celebradas poco después y todo volvió a su cauce. Allí no había pasado nada. Hace un año, en Madrid, los émulos del sesentayochismo se pusieron a sestear, como San Isidro, bajo el madroño de Sol mientras los ángeles de la España laboriosa tiraban de los bueyes del sentido común. ¿Sirvió para algo aquel botellón? Rajoy, como Pompidou, arrolló en las elecciones. Rubalcaba fue su Poulidor. Le Pen sube cual burbuja de champagne. Los neonazis alzan la voz en el ágora de Atenas. En Londres revalida el alcalde conservador. El próximo presidente del Imperio será demócrata o republicano. La primavera árabe viste burka. Todo sigue o empeora. El mundo yira, yira… Dele Dios buen galardón.

[Fernando Sánchez Dragó, «El lobo feroz», El Mundo (14.V.2012). Publico sus artículos en papel por la dejación de funciones de su webmaster.]

Cien días [Dragó] Y excusa

abril 2, 2012 § 1 comentario

TERMINA la moratoria que la educación exige. Yo siempre la respeto. Otros, no. ¿Dónde cursarían sus estudios Mendaz y Tóxico? Pero dejemos eso, que la juerga general (vi una pintada que decía: ¡Vuelva, General!) ya pasó. Le felicito, señor Rajoy. Happy birthday to you. Por fin tenemos un Gobierno que gobierna, y eso, después de tanto pasteleo, es ya mucho. Un Gobierno que dice la verdad, por más que duela. Un Gobierno que sin ser progresista es de progreso. Un Gobierno sin los maricomplejines que algunos, a priori, le atribuíamos. Me equivoqué, lo confieso. Agradable sorpresa, don Mariano. Bien me está. Un gallego nunca deja de serlo. Creíamos, o creía yo, que usted bajaba la escalera y resulta que la subía. ¿Le bailo el agua? Eso dirán quienes ahora, todavía incrédulos, regurgitan su derrota. Pues sí, se la bailo, porque es su día de fiesta, pero no se fíe. Si invierte el sentido de la marcha y desciende por la escalera, volveré a las andadas. Bien hecho está lo que hasta ahora ha hecho, pero casi todo está por hacer. La reforma laboral se queda corta y los recortes saben a poco. No negocie. Gobierne. No dialogue. Legisle. No discuta. Decrete. No temple gaitas, por muy gallego que ese instrumento sea. Fraga no lo hacía, aunque las convocaba. Ejerza la autoridad que las urnas le han conferido. Estamos hartos de corrección política. Reduzca en un cincuenta por ciento el leviatán del Estado. Clausure las televisiones públicas, aunque al pedirlo esté yo escupiendo al cielo. Privatícelo todo. Cierre embajadas. Despida a los asesores. Aplique el copago en la sanidad. Reorganice la educación según el mérito demostrado por quien accede a ella. Rebaje los impuestos directos y aumente los indirectos (en eso yerra. Hay que gravar las cosas, no a las personas). No financie partidos ni sindicatos. Elimine las ayudas al desarrollo. Penalice a los delincuentes y derogue el sistema garantista. Declare los toros patrimonio cultural. Retire la cobertura del paro a quienes rechazan un empleo. Admita el despido libre. Recupere las competencias de educación y justicia. Licencie el ejército. Reforme la Constitución. Meta en cintura las Autonomías. Ya dije que casi todo está por hacer. Si usted no lo hace, la fuerza de las cosas lo hará, y todo será más lento, duro y difícil. Tiene cuatro años menos cien días por delante. Aprovéchelos y entrará en la historia de España. De España, digo… Sin ir más lejos.

[Fernando Sánchez Dragó en El Mundo, El lobo feroz (2.IV.2012).]

[Excusa. En las últimas semanas, bajo la etiqueta Sánchez Dragó, estoy publicando todo lo que el autor de tales apellidos publica en su columna semanal (El Mundo) y lo intentaré también con lo que publique en otros medios de papel. Lo hago ante el abandono al que está sometida su página güeb y porque sé que, al menos a unos pocos, le interesa.]

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