Kit de supervivencia para pájaros enjaulados

marzo 22, 2012 § Deja un comentario

Pájaro enjaulado: persona que, a pesar de sus instintos de salvajismo y visceralidad, vive sometida al formalismo de una sociedad enclaustrada dentro de sus mismas reglas y que no encuentra la vía de escape a tamaño crimen más que en la radicalización de la soledad.

Componentes del kit:

-Soledad magnífica. 0 €
-Bolsa de patatas Lay’s campesinas. 1,56 €
-Paquete de cervezas Steinburg. 3 €
-Paquete de tabaco Flandria (tipo virginia, 20 gr.) y filtros de 6mm. 3,70 €
-Cuarteto de cuerda n. 1 en Mi menor, de Bedřich Smetana. 0 €

Cualquier persona medianamente formada y de la que tengamos constancia en la historia mediante alguno de sus aportes al mundo del arte y el conocimiento, con toda seguridad, glosó las ventajas del retiro espiritual. No constante y no en los mismos términos, pero sí como lenitivo para la vorágine destructora de la vida social. La cosa se acentúa en el mundo moderno. En un marco urbano, la máxima introspección y  aislamiento a que puede llegar el individuo es en ridículos pisos de cincuenta metros cuadrados y en algún resquicio de los absurdos horarios laborales.

La receta que he dado más arriba la utiliza un servidor desde poco, unos tres años. Añada el lector un elemento, retire otro, modifique el que no le plazca, pero practique el rito del apartamiento y deje que el aliento sagrado le rapte. Volará, si lo hace, no como un mísero pájaro atrapado, sino como un águila libérrima que contempla el mundanal ruido desde las más aterradoras y deliciosas alturas.

Un St Patrick solitario

marzo 18, 2012 § 5 comentarios

Diario de a bordo. Son las diez de la noche y paseo en soledad magnífica por una ciudad plagada que desborda irlandidad. Hay sombreros de Guinness por doquier, la gente viste de verde y se respiran ganas de taberna en las calles. Es san Patricio, patrón de Irlanda y de los cerveceros. Me gusta lo que veo, lo disfruto. Sorprende que, de pronto, hay guiris por todas partes. ¿Vendrán a celebrar este día a España o siempre han estado ahí? Hoy resaltan más que nunca. Llevo cerca de una década celebrando este día y se ha convertido en algo más que una tradición personal, es una necesidad. En las tabernas irlandesas ocurre algo especial este día, se transforman.

Ya he dicho que paseo solo. Mis amigos, los pocos que me quedan cerca, están hoy a otras cosas. No han captado la importancia de la fiesta, lo sé y me molesta. Así que no me queda otra. Para seguir con mis ritos anuales, me cuelo en el pub más famoso de la ciudad. Lo sé, voy solo y es un día para celebrar la fraternidad de la barra, pero qué puedo hacer. Quiero mi pinta de Guinness, bebida sagrada en este día. Me rodean grupos de todo tipo; grupos, nadie va por su cuenta. Todos son amigos entre sí y es cierto que eso me deja un poco al margen, que me afecta en el ánimo. Pero hay tanta gente que paso desapercibido sin mucho esfuerzo. Basta serpentear entre los corros para que parezca que voy con alguien que va delante, que busco a alguien, que voy al baño, que llego o que me voy. «¿Nos haces una foto?», «claro», «¡tú eres el de antes!». Sí, soy yo. Hace alrededor de una hora, al principio de mi paseo, iba por un callejón cercano a la Catedral cuando me topé con unos ojos sinceros como la medianoche, tan cristalinos y hechizantes como un almendro en flor. Le mantuve la mirada porque no podía dejar de admirarlos. Cuando estaba apenas a un metro, me preguntó por un bar, Más que vinos, creo. «Ni me suena, aunque en esta calle… Quizá en esas bocacalles», «uf, bueno gracias, ¡se han perdido mis amigas!», «de nada. Te queda muy bien el sombrero», «gracias…, ahí están ellas» y poco más. Ahora están de nuevo ahí, ya con los vinos encima y con una cerveza negra en la mano; qué erotismo desprende una mujer con una cerveza negra en la mano. Los dioses se han puestos de mi parte y quieren compensar la errabundía a la que estaba «condenado». ¿Será? Me gusta que, aunque estén en una despedida de soltera, no han caído en las vulgaridades escandalosas y burdas de la myoría: se identifican entre ellas por un bombín que les queda, a todas, muy bien. Pero más a mi arriacense.

El final de la noche importa poco, porque lo extraordinario, lo que pocos se atreven a hacer, lo que implica un acto de valentía y desvergüenza, es el instante en el que cruzas solo y con conciencia de soledad la puerta de un pub. No hay otro instrumento que el amor fati para enfrentarse con cierta indiferencia a lo que la mayoría considerarán una pública humillación –¡entrar sin compañía en el templo de la amistad!–, pero que para algunos, en ocasiones, puede ser un excelente ejercicio de autoanálisis y re-individualización.

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